Eva, la madre de la humanidad


… Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes (Génesis 3:20).

Compartió el paraíso con el varón y después el pecado y la pena.

Eva es, según el relato bíblico del Génesis, la primera mujer creada y la madre de toda la humanidad. Su nombre hebreo (Hawwah) se traduce como "viviente" o "fuente de vida", título que Adán le otorgó tras la Caída por ser el origen de todos los seres humanos.

El nombre y el rol de Eva tienen significados profundos en varias tradiciones:
Origen del nombre: Etimológicamente, proviene de la raíz que significa "vivir". Ella es nombrada de esta manera en Génesis 3:20 justo después de que la humanidad enfrentara el pecado, afirmando el plan de Dios de continuar la vida humana a través de la procreación.
Simbolismo en la creación: En las narraciones del relato, fue formada del costado de Adán, simbolizando que no es superior ni inferior, sino una compañera idónea de su misma naturaleza.
Perspectiva teológica: En el cristianismo, Eva a menudo se contrasta con María, quien es considerada la "Nueva Eva". Mientras que el acto de Eva trajo el pecado al mundo, María es vista como la madre en el orden de la gracia a través de Jesucristo

Fuente: EnciCato

(En hebreo hawwah)

 Nombre de la primera mujer, esposa de Adán, madre de Caín, Abel y Set. El nombre aparece sólo cinco veces en la Biblia. En Gén., 3, 20, se relaciona etimológicamente con el verbo que significa “vivir”: “Adán llamó a su mujer Eva [hawwah] por ser ella la madre de todos los vivientes” La versión de los Setenta en este pasaje dice Zoe (= vida, o dadora de vida), que es una traducción; en otros dos pasajes (Gén., 4, 1 y 25), el nombre es transcrito Eua. Los datos bíblicos relativos a Eva se limitan casi exclusivamente a los capítulos segundo, tercero y cuarto del Génesis
  • El primer relato de la creación (Gén., 1, “P”) expone la creación de la humanidad en general, y afirma simplemente que fueron creados hombre y mujer.
  • La segunda narración (Gén., 2, “J”) es más explícita y detallada. Se representa a Dios formando al hombre del barro de la tierra, e insuflándole en sus narices el aliento de vida. De manera semejante, la creación de la primera mujer se describe con imaginería pintoresca y significativa.
En este relato, en el que las plantas y los animales aparecen en escena sólo después de la creación del hombre, la soledad de este último (Gén., 2, 18), y su fracaso en encontrar un compañero adecuado entre los animales (Gén., 2, 20) son expuestas como la razón por la que Dios determina crear para el hombre una compañera semejante a él.

Le hace caer en un profundo sueño, y tomando una de sus costillas, forma de ella una mujer, que cuando es traída ante él, es reconocida enseguida como hueso de su hueso y carne de su carne. Una discusión sobre los argumentos a favor del carácter histórico, más o menos alegórico de esta narración estaría más allá del objeto del presente artículo. Baste decir que siempre se ha considerado por los comentaristas piadosos que el relato bíblico contiene, aparte de la cuestión del origen del hombre, un significado profundo, práctico y complejo, referido a la relación mutua entre los sexos establecida por el Creador.

Así, la primitiva institución de la monogamia está implícita en el hecho de que una mujer fuera creada para un hombre. Eva, tanto como Adán, es objeto de un acto especial de creación, una circunstancia que indica su igualdad natural con él, mientras que por otro lado el ser sacada de su costado implica no sólo su papel secundario en el estado conyugal (I Cor., 11, 9), sino que también subraya la íntima unión entre marido y mujer, y la dependencia de esta última respecto del primero.

“Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne”.

La inocencia de la recién creada pareja se indica claramente en el versículo siguiente, pero el narrador inmediatamente procede a relatar cuán pronto adquirieron, por su propia trasgresión, el conocimiento del bien y del mal, y con él la sensación de vergüenza que previamente les había sido desconocida. 

En la historia de la Caída, la causa original del mal es la serpiente, que en la tradición judía posterior es identificada con Satán (Sabiduría, 2, 24). Tienta a Eva presumiblemente como la más débil de los dos, y ella a su vez tienta a Adán, que se rinde a su seducción. Inmediatamente sus ojos se abren, pero en una forma inesperada. La vergüenza y el remordimiento se apoderaron de ellos, y buscaron ocultarse de la vista del Señor.

Por su parte en la trasgresión, Eva (y la humanidad femenina con ella) es condenada a una vida de dolor y trabajo, y a estar bajo el dominio de su marido. Indudablemente esto último no implicaba que la condición de igualdad esencial con el hombre fuera alterada, sino que la sentencia expresa lo que, por la naturaleza de las cosas, era obligado que resultase en un mundo dominado por el pecado y sus consecuencias. 

La natural dependencia y sujeción de la parte más débil estaba destinada a convertirse en algo poco menos que la esclavitud. Pero si la mujer fue la ocasión de la trasgresión y la caída del hombre, fue también decretado por el designio divino, que iba a ser fundamental en el plan de restauración que Dios promete ya en el acto de pronunciar su condena sobre la serpiente. 

La mujer ha sufrido una derrota y sus consecuencias son infinitamente dolorosas, pero en adelante habrá enemistad entre ella y la serpiente, entre su descendencia y la suya, hasta que por medio de esta última en la persona del futuro Redentor, que aplastará la cabeza de la serpiente, de nuevo será vencedora.

De la historia subsiguiente de Eva la Biblia da poca información: 
  • En Gén., 4, 1, leemos que parió un hijo al que llamó Caín, porque lo tuvo (literalmente, “adquirió” o “poseyó”) por medio de Dios –esta es al menos la interpretación más plausible de este oscuro pasaje. Más tarde dio a luz a Abel, y la narración no registra el nacimiento de otro hijo hasta después del asesinato de Abel por su hermano mayor, cuando ella parió un hijo y le dio el nombre de Set; diciendo: “Dios me ha dado [literalmente, “puesto” o “designado”] otro descendiente, por Abel a quien Caín mató”.
  • Eva es mencionada en el Libro de Tobías (8, 8; los Setenta, 8, 6) donde simplemente se afirma que fue dada a Adán como ayuda; en II Cor., 11, 3, donde se hace referencia a su seducción por la serpiente, y En I Tim., 2, 13, donde el apóstol impone la sumisión y el silencio a las mujeres argumentando que “Adán fue formado primero; Eva luego. Y Adán no fue seducido, sino que la mujer, siendo seducida, cayó en la trasgresión”.
Como en el caso de otros personajes del Antiguo Testamento, muchas leyendas rabínicas se han relacionado con el nombre de Eva. Pueden encontrarse en la “Enciclopedia Judía”, s.v. (ver también ADÁN), y en Vigouroux, “Dictionnaire de la Bible”, I, art. “Adán”. Son, en su mayor parte, pueriles y fantásticos, y desprovistos de valor histórico, excepto en cuanto que sirven para ilustrar las mentalidad de los autores judíos posteriores, y la falta de fiabilidad de las “tradiciones” derivadas de tales fuentes, aunque a veces se apela a ellas en discusiones críticas.

PALIS in VIGOUROUX, Dictionnaire de la Bible, II, 2118; BENNETT in HASTINGS, Dict. of the Bible, s.v. ; Encyclopedia Biblica, s.v. Adam y Eve; GIGOT, Special Introduction to the Study of the Old Testament, Part I, p. 162; Jewish Encyclopedia, s.v., V, 275.

JAMES F. DRISCOLL
Transcrito por Dennis McCarthy

¿Se salvaron Adan y Eva?
Según la tradición y los Santos Padres de la Iglesia Católica, Adán y Eva se salvaron.

La teología católica sostiene esta postura por las siguientes razones:
El Limbo de los Padres: Al morir, no fueron al infierno eterno, sino al Seno de Abraham (el lugar donde esperaban los justos antes de que Cristo abriera las puertas del cielo).
El Descenso de Cristo: Tras su muerte y resurrección, Jesucristo descendió a los infiernos para liberar a los justos del Antiguo Testamento. Adán y Eva fueron los primeros en ser rescatados y llevados al cielo.
Arrepentimiento: La Iglesia reconoce que hicieron penitencia, confiaron en la promesa de redención (el primer anuncio del Evangelio en Génesis 3:15) y vivieron el resto de sus vidas buscando reparar su error.Por ello, en la iconografía católica y en el Santoral Católico, son considerados santos.

El libro bíblico de la Sabiduría (10:1-2) también indica que Dios los protegió y los liberó de su pecado

La salvación de Adán parece estar explícitamente indicada en Sabiduría 10:1-2:
«La Sabiduría protegió al primer padre del mundo, cuando él solo había sido creado; lo libró de su transgresión y le dio fuerza para gobernar todas las cosas».
  • Agustín da testimonio del arrepentimiento de Adán en la epístola 164, en el sermón 104 y en su tratado Sobre el bautismo de infantes, además de enumerar a los llamados encratitas o tatianistas como herejes en su De haeresibus , como también lo hace San Epifanio en su obra similar, siguiendo a San Ireneo de Lyon, citando todos como una de las herejías de esta secta que «negaban la salvación del primer hombre».
  • Orígenes interpreta la parábola del buen samaritano como una alusión al rescate de Adán por Cristo, especialmente en su homilía número 3 sobre Lucas.
  • En su homilía número 16 sobre el Génesis, Orígenes interpreta las palabras «Bajaré contigo allá y te traeré de vuelta de allí» como dirigidas a Adán, lo que significa su rescate durante el descenso a los infiernos.
  • San Gregorio Magno afirma en una de sus cartas que «Adán se arrepintió después», y San Juan Crisóstomo interpreta Génesis 3 como una muestra de cómo se puede obtener el perdón de los pecados mediante la confesión y la penitencia.
  • San Gregorio Nacianceno dice de Adán y Eva en la Oración 31: «La serpiente los engañó a ambos, y Cristo les concedió la salvación con su pasión».
  • San Anselmo de Canterbury afirma en el capítulo 16 de su libro Cur Deus homo : «No cabe duda de que Adán y Eva formaron parte de esa redención».