El ecumenismo trata de las relaciones entre las varias iglesias cristianas. Teniendo tres grandes bloques, los Ortodoxos, los Católicos y los Protestantes.
Respecto de los Ortodoxos, ellos quieren mucho a la Virgen y no tienen ningún problema en venerarla, invocarla y rendirle culto incluso dentro de la celebración litúrgica.
Los Católicos profesan un profundo amor a María, le rinden culto de veneración, tanto dentro de la liturgia como por fuera de ella.
Los Protestantes en general tienen una fuerte restricción respecto de su relación con María; sobre todo no la invocan ni le piden intercesión; no le rezan a ella directamente.
--La ruptura de la Iglesia con los Ortodoxos fue aproximadamente en el año 1.000 después de Cristo, cuando las iglesia del Imperio Bizantino y la de Roma tuvieron tensiones fuertes y terminaron con una ruptura. Sin embargo la doctrina en general es prácticamente la misma, incluso ellos celebran los sacramentos y la misma Eucaristía como presencia real de Cristo en ella.
--La ruptura con los Protestantes fue en el siglo XVI, y se les dio este nombre cuando los príncipes que se reunían para discutir las cuestios del Imperio Romano protestaron para pedir la libertad en cuanto a la religión; ya estando en curso la Reforma de Lutero, y así cada cual quedó libre de practicar su religión como estado. Aunque dentro de los mismos reinos hubo persecuciones según la gente era de una o de otra religión.
Para lograr tener más apertura fraterna con los hermanos protestantes pudiésemos considerar que ellos son cristianos que en un momento entraron en un camino de fe un poco diferente pero que en el fondo forman parte de la misma Iglesia que Cristo fundó; tienen fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; buscan vivir sus enseñanzas; valoran la conversión a Dios y quieren vivir una fe viva y auténtica, usan la Palabra cotidianamente y tratan de aplicarla en su vida de cada día.
Podemos tratar de ver lo positivo que viven y las cosas de ellos que nos pueden motivar a ser mejores cristianos católicos. Por otra parte quien ame más vencerá, y nuestra doctrina católica nos permite amar con mayor profundidad; el carisma mariano, que es el carisma propio de la Iglesia, nos muestra que ella a pesar de las ofensas que recibió por la pasión de su Hijo, nunca pecó, venció el odio y el mal, siguiendo a Jesús, quien en la cruz dijo: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. (Cf. Lc 23,34).
Nuestro deber es amar al prójimo, como nos dice San Pablo, que no debamos nada a los demás sino el amor (Cf. Rm 13,8). Si amamos a nuestro prójimo, aunque sea diferente, podremos favorecer la fraternidad, sentirnos hermanos de todos, como lo hacía San Francisco de Asís, y valorar lo bueno que tienen a la vez que reconocer lo que no está bien. Al fin y al cabo todo carisma pertenece a la Iglesia, lo que sucede es que estamos divididos, pero hay en el fondo una sola Iglesia. El trabajo ecuménico apunta a lograr la unidad perdida de la Iglesia, lo cual será para el mundo el signo más poderoso de que Cristo está vivo.
La doctrina protestante.
Los Protestantes en general quisieron centrar nuevamente la fe en Cristo y pensaron que si se le rendía culto a la Virgen era una desviación; por eso rebajaron muchísimo las expresiones devocionales hacia ella. Aunque Lutero mismo amaba a María y escribió acerca de ella y mantuvo su amor a María hasta el final de su vida.
Pero históricamente ellos se fueron identificando más con la Palabra, con la predicación, con los coros de música; y los católicos siguieron cultivando la devoción a María, al Santísimo Sacramento, es decir, la presencia real de Cristo en la Eucaristía y en los demás sacramentos; el respeto, obediencia y amor al Papa, el Sacerdocio Ministerial como sacramento, la Confesión, etc.
Al final eso ha producido una diferente manera de acercarse a la fe, de creer; una diferente manera de relacionarse con María y los otros santos, una diferente manera de percibir la Iglesia y los sacramentos y por lo mismo, de la forma de celebrar el culto a Dios.
La doctrina protestante, en general mantiene una fuerte negatividad antropológica teológica; el ser humano está sumamente dañado por el pecado original y no puede hacer nada por su salvación; lo que nos salva es únicamente la gracia de Dios y el ser humano debe creer en Cristo de verdad para poder salvarse, para recibir la gracia; lo que importa es justamente eso, creer; lo demás no es tan necesario.
Como Doctrina escrita es la Palabra de Dios, la Biblia; las demás enseñanzas que tiene la Iglesia, la Tradición, el Magisterio, no tienen relevancia para los protestantes.
Así queda lo propio protestante de: sola Gracia, sola Fe, sola Escritura. El ser humano todo lo que haga con su esfuerzo es presunción; su voluntad está tan dañada por el pecado original que heredamos de Adán y Eva que cualquier intento de salvación por sí mismo lo va a llevar a la perdición porque es puro orgullo y soberbia.
Por lo mismo la intercesión de los santos y de María es totalmente irrelevante, es más bien un pecado dirigirse a ellos para algo de Dios, porque Dios mismo lo da sin necesidad de intermediarios. Ellos no pueden hacer nada para ayudarnos.
Así el sentimiento de apoyo en María, de su maternal protección queda completamente negado y abolido, prácticamente prohibido. Lo único que tiene que hacer es creer en Cristo y esa fe lo va a salvar. Y la manera de acrecentar esa fe es leer la Biblia.
Hay algunas grandes congregaciones protestantes como la Iglesia Luterana, de Lutero, la Iglesia Reformada, de Calvino; los Anglicanos, que tomaron un poco de la doctrina calvinista. De estas grandes congregaciones han surgido muchas otras sobre todo en el último siglo en USA, muchos grupos más reducidos, algunos con millones de fieles, otros con miles o cientos.
Los Diálogos Ecuménicos, se han dado entre las diferentes denominaciones, sobre todo con los Luteranos y los Reformados (Calvinistas) también con los Anglicanos y otros con los Ortodoxos.
En estos diálogos ecuménicos se han tratado muchos temas como los Sacramentos, la Iglesia, el Primado del Papa, los Ministros de la Iglesia, etc. Además se ha tratado el tema mariano, buscando acuerdos acerca de la Madre de Jesús entre los diferentes credos.
Con los Ortodoxos no hay prácticamente casi ninguna discrepancia; con los Anglicanos en general hay bastante cercanía respecto de María. Con los Luteranos y Reformados es más difícil.
Aunque todos pueden reconocer la relevancia de María, sin embargo les cuesta darle a ella un rol de mayor colaboración en la obra de la redención; ella es simplemente un instrumento pasivo que Dios usó para hacer su obra; ella es igual a todos los demás y por eso ella pudo tener más hijos y eso no tiene ninguna importancia para la fe. Ella es una mujer humilde, pobre, que Dios quiso elegir para hacer su obra.
Para los católicos María juega un papel mucho más relevante; como todo creyente, ella tiene también voluntad, sentimientos; respuestas a Dios. Ella participa con su entrega, su fe, su amor, en la obra de Dios. Ella lo sacrifica todo, incluso a su Hijo, para que suceda la redención de la humanidad, y ella sigue ayudando, como madre espiritual desde el cielo, madre de todos los seguidores de Jesús, madre de todos los hombres. María coopera a la obra de la salvación con su respuesta afirmativa a la voluntad de Dios.
La manera como los protestantes perciben la naturaleza humana, tan corrompida, tan aplastada por causa del pecado, incapaz de responder a Dios; les dificulta percibir que somos personas creadas a imagen y semejanza de Dios y por lo mismo mantenemos la inteligencia y la voluntad, la memoria y la conciencia; y podemos participar de la gracia, no solamente como entes pasivos sino como personas responsables ante la gracia divina; para ellos María es como cualquier otra persona y nadie puede ayudar a la gracia de Dios. No se debe invocar a los santos y a María. Ellos no pueden hacer nada por nadie.
Para los católicos las personas que han llegado a Dios tienen libertad y participación en la gracia divina; escuchan y acompañan a la Iglesia militante de la tierra; rezan por nosotros, interceden ante Dios por nosotros; estos dos aspectos sí son aceptados por los protestantes, que los fieles difuntos que están con Dios pueden rezar por nosotros, interceder por nuestro bien, pero más nada; y nosotros no debemos invocarlos de ninguna manera.
Para los católicos la intercesión es más concreta y buscamos la ayuda de María invocándola y pidiéndole directamente a ella. La oración Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios… encontrada en tablillas de Egipto del siglo III muestran el sentimiento y oraciones que los cristianos, en comunidad, dirigían a María, siglos antes de que los protestantes existieran.
En general los católicos viven la Iglesia como una comunidad de amor concreta, vital, consistente; donde las personas que van llegando a estar con Dios no simplemente se salvan y se olvidan de los demás sino que al contrario, se acercan más a todos y les ayudan en su caminar; cada santo de la Iglesia es un amigo, a quien imitar pero también con quien dialogar, buscar ayuda, pedirle incluso milagros por su intercesión ante Dios. La relación eclesial comienza aquí en la Iglesia militante, en este mundo, y sigue en la Iglesia triunfante, en la eternidad, pero el amor es siempre y cada vez más intenso y común; y todos ayudan a todos. Todos son valorados y reconocidos, todos son amados y recordados.
Cómo hablar a los protestantes de María.
Es importante tratar de no escandalizar a los creyentes de otras iglesias, y aclararles que lo que ellos piensan de nosotros son prejuicios o no nos entienden bien.
Los tres elementos esenciales de su doctrina son: la sola fe, la sola gracia, la sola Escritura. Además hay otras situaciones como las imágenes, la mediación de los santos, etc.
Si partimos del hecho de que los protestantes tienen elementos positivos que nos pueden ayudar a revitalizarnos como Iglesia y no solamente elementos negativos, podremos entablar diálogos marianos más fructíferos, sin por eso caer en confusiones doctrinales.
Cuando hablamos de valorar la fe en Jesucristo, es una revitalización muy importante.
El Concilio Vaticano II realizó su renovación litúrgica y eclesial poniendo la centralidad de Cristo; el año litúrgico está completamente centrado en Él, su nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección. María y los santos entran allí sin descentrar la fe cristiana.
Pero nuestra fe no descarta la presencia y la fe de María, porque ella estuvo allí desde el comienzo y no se va a ir de la Iglesia; ella en verdad nos enseña la verdadera fe y nos motiva a encontrarnos con Jesús, con Dios.
Nuestro acto de fe no es un acto independiente del amor a María, del aprecio por ella, del sentimiento de que ella es nuestra madre y de que el mismo Jesucristo nos la entregó en la cruz.
Quien ama a Cristo ama a María.
Nosotros no somos idólatras de María; adoramos a Dios pero sin apartarnos del amor maternal de María, al contrario, ese amor nos ayuda a ser auténticos adoradores de Dios, en espíritu y en verdad.
Es importante valorar la gracia de Dios por encima de nuestras capacidades y fuerzas. Nosotros necesitamos de la gracia de Dios para salvarnos pero también necesitamos de la Iglesia, de las personas que sirven en ella, de las que ya se han ido, de los
sacramentos donde Cristo da su gracia.
Necesitamos el Pan de Vida para alimentarnos y crecer en la gracia; necesitamos la Confesión para lavar nuestras manchas y pecados, necesitamos la Unción para enfrentar la enfermedad.
Para los católicos las personas, la Iglesia, los sacramentos,
son consistentes e importantes, y nos apoyamos en todo eso para caminar en la fe, la esperanza y la caridad hacia el cielo.
El protestante busca de desarrollar la fe por encima de todo, valorar solamente la gracia de Dios y deja de percibir el valor de la Iglesia como tal, de los sacramentos, del mandamiento nuevo de Cristo, que nos amemos los unos a los otros como Él nos amó (Cf. Jn 13,34).
Cada cual busca de salvarse mediante la gracia de Dios, mediante la escucha de la Palabra, mediante la fe.
Lo cual está bien, pero para la Iglesia, la revelación es más amplia que simplemente eso. Nosotros los católicos creemos en la Iglesia, es allí donde la gracia de Cristo nos llega, por medio de los sacramentos.
El protestante busca de desarrollar la fe por encima de todo, valorar solamente la gracia de Dios y deja de percibir el valor de la Iglesia como tal, de los sacramentos, del mandamiento nuevo de Cristo, que nos amemos los unos a los otros como Él nos amó (Cf. Jn 13,34).
Cada cual busca de salvarse mediante la gracia de Dios, mediante la escucha de la Palabra, mediante la fe.
Lo cual está bien, pero para la Iglesia, la revelación es más amplia que simplemente eso. Nosotros los católicos creemos en la Iglesia, es allí donde la gracia de Cristo nos llega, por medio de los sacramentos.
Los protestantes van directamente a Cristo, por medio de la fe y la oración; para ellos los sacramentos, como la Eucaristía, prácticamente no tienen consistencia de gracia; son más bien recuerdos, en cambio para el católico, Cristo realmente está presente allí; Cristo realmente perdona los pecados en la Confesión por medio del sacerdote; verdaderamente el Sacerdote actúa in persona Christi; es Jesucristo mismo quien está allí actuando cuando el sacerdote realiza los sacramentos.
Los protestantes hacen un acto sincero de fe y ya con eso es suficiente; lo pueden lograr orando en un grupo, escuchando una música, leyendo la Palabra. Este acto de fe es importante, forma parte de la vida cristiana y es requerido para cada uno de nosotros, pero los católicos vivimos la fe no solamente de manera individual personal sino además colectiva eclesial. La fe es común a la Iglesia; no se puede inventar cada vez, y los que nos han precedido en la fe son importantes para nosotros, especialmente los apóstoles y María, la primera
creyente cristiana, maestra de la única fe revelada.
En la relación con los protestantes es bueno transmitirles que también nosotros nos basamos en la gracia de Dios y no en nuestras propias fuerzas y capacidades; nosotros también creemos que Cristo es quien nos redime y nos abre la salvación. Nosotros no nos salvamos simplemente porque cumplimos ciertos actos piadosos o bondadosos; es Cristo quien dio su vida por nosotros para sacarnos del pecado y de la muerte eterna.
Pero nosotros como católicos valoramos mucho el amor y servicio a nuestro prójimo; tomamos en cuenta la palabra de Juan: quien dice que ama a Dios y no ama a su projimo es un mentiroso (Cf. 1 Jn 4,20). El juicio final va a tener un contenido relacionado al prójimo: tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber… (Cf. Mt 25,35-36).
Debemos vivir la fe y el amor a Dios pero debemos también amar y servir al prójimo, en eso se juega nuestro destino eterno. Por eso tomamos muy en serio la consistencia del amor concreto al hermano, y María entra en esta lógica; ella está amándonos como Jesucristo se lo pidió y nosotros creemos y valoramos ese amor. Ella de verdad nos ayuda y su ayuda nos hace falta. Así mismo cada uno de nosotros tiene que encontrar ese momento donde debe ayudar a su prójimo, ayudarlo incluso a su salvación eterna.
Una manera de explicar los dos últimos dogmas, el de la Inmaculada Concepción y el de la Asunción de María a los cielos, que son rechazados por los protestantes, es por ejemplo decir que María fue preservada del pecado original, es Inmaculada, por pura gracia de Dios, por los méritos de Cristo, fue redimida antes de comenzar a existir, para ser la madre del Redentor. Ella no lo mereció sino que Dios se lo dio. Allí vemos actuar completamente la gracia de Dios, la sola gracia. María es la primera justificada por la gracia de Dios.
Respecto de la Asunción de María a los cielos, podemos decir que no es un llamado para ella sola sino que todos estamos llamados a llegar allí. No es un privilegio para ella sino que es primicia para la Iglesia toda. Muestra el poder de Cristo sobre el pecado y la muerte; el triunfo definitivo de Dios sobre el mal. No depende de la capacidad de María sino que es una gracia de Dios, ella fue asumida por Dios en el cielo, esperanza para todos nosotros y prueba de que Cristo ha triunfado verdaderamente y ha comenzado la nueva creación, la Nueva Alianza de Dios con la humanidad. María anticipa el destino de la Iglesia toda.
La Palabra es el otro aspecto fundamental. Nosotros los católicos basamos nuestra fe en la Palabra de Dios, no la negamos en ningún momento, al contrario, la consideramos como revelación de Dios, Sagrada Escritura. La Iglesia Católica tuvo bastante tiempo frenando un
poco el uso de la Biblia directamente por el pueblo, por temor a posibles mal interpretaciones; sin embargo ha utilizado la Palabra en todas las celebraciones sacramentales; en la misa se lee prácticamente toda la Biblia a lo largo del trienio de los ciclos A,B y C del año litúrgico.
En esta época la Iglesia Católica ha reforzado más el conocimiento y uso de la Palabra para todos los fieles; esto ha sido una insistencia saludable desde el lado protestante. Lutero fue el primero que imprimió la Biblia en imprenta y en idioma alemán, lo cual facilitó su amplia difusión popular.
Pero como Católicos nosotros también basamos nuestra fe en la Tradición, en lo que viene transmitido desde la Iglesia original; desde Cristo por medio de los Apóstoles y primeros discípulos y creyentes; entre los cuales estaba María, la primera creyente de la Iglesia.
En la relación con los protestantes es bueno transmitirles que también nosotros nos basamos en la gracia de Dios y no en nuestras propias fuerzas y capacidades; nosotros también creemos que Cristo es quien nos redime y nos abre la salvación. Nosotros no nos salvamos simplemente porque cumplimos ciertos actos piadosos o bondadosos; es Cristo quien dio su vida por nosotros para sacarnos del pecado y de la muerte eterna.
Pero nosotros como católicos valoramos mucho el amor y servicio a nuestro prójimo; tomamos en cuenta la palabra de Juan: quien dice que ama a Dios y no ama a su projimo es un mentiroso (Cf. 1 Jn 4,20). El juicio final va a tener un contenido relacionado al prójimo: tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber… (Cf. Mt 25,35-36).
Debemos vivir la fe y el amor a Dios pero debemos también amar y servir al prójimo, en eso se juega nuestro destino eterno. Por eso tomamos muy en serio la consistencia del amor concreto al hermano, y María entra en esta lógica; ella está amándonos como Jesucristo se lo pidió y nosotros creemos y valoramos ese amor. Ella de verdad nos ayuda y su ayuda nos hace falta. Así mismo cada uno de nosotros tiene que encontrar ese momento donde debe ayudar a su prójimo, ayudarlo incluso a su salvación eterna.
Una manera de explicar los dos últimos dogmas, el de la Inmaculada Concepción y el de la Asunción de María a los cielos, que son rechazados por los protestantes, es por ejemplo decir que María fue preservada del pecado original, es Inmaculada, por pura gracia de Dios, por los méritos de Cristo, fue redimida antes de comenzar a existir, para ser la madre del Redentor. Ella no lo mereció sino que Dios se lo dio. Allí vemos actuar completamente la gracia de Dios, la sola gracia. María es la primera justificada por la gracia de Dios.
Respecto de la Asunción de María a los cielos, podemos decir que no es un llamado para ella sola sino que todos estamos llamados a llegar allí. No es un privilegio para ella sino que es primicia para la Iglesia toda. Muestra el poder de Cristo sobre el pecado y la muerte; el triunfo definitivo de Dios sobre el mal. No depende de la capacidad de María sino que es una gracia de Dios, ella fue asumida por Dios en el cielo, esperanza para todos nosotros y prueba de que Cristo ha triunfado verdaderamente y ha comenzado la nueva creación, la Nueva Alianza de Dios con la humanidad. María anticipa el destino de la Iglesia toda.
En esta época la Iglesia Católica ha reforzado más el conocimiento y uso de la Palabra para todos los fieles; esto ha sido una insistencia saludable desde el lado protestante. Lutero fue el primero que imprimió la Biblia en imprenta y en idioma alemán, lo cual facilitó su amplia difusión popular.
Pero como Católicos nosotros también basamos nuestra fe en la Tradición, en lo que viene transmitido desde la Iglesia original; desde Cristo por medio de los Apóstoles y primeros discípulos y creyentes; entre los cuales estaba María, la primera creyente de la Iglesia.
La fe primero fue vivida en comunidad y luego escrita en libros. Primero fue la Iglesia y luego la Escritura de su fe. Por eso la Iglesia es siempre maestra; tiene el discernimiento para saber cuándo hay algo que atenta contra la fe verdadera. Por eso la Iglesia es la que puede interpretar correctamente las Sagradas Escrituras, porque ellas fueron hechas en su seno.
El Magisterio son todos los obispos junto con el Obispo de Roma, el Papa. Ellos descienden directamente de los Apóstoles y tienen el sentido de la fe, que junto con todo el Pueblo de Dios se llama sensus fidei y sensus fidelium. Las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia son también importantes para los católicos.
Además la doctrina católica valora mucho la Tradición, los escritos de los primeros Padres de la Iglesia, los sucesores de los Apóstoles y otros grandes teólogos que a lo largo de la historia han aportado sus importantes escritos. Toda esta doctrina es una gran riqueza que tiene la Iglesia guardada durante siglos de existencia y todas esta doctrina no choca entre sí, al contrario, se apoya y refuerza. Así cuando leemos la Palabra, tenemos ese gran apoyo eclesial y nuestro Obispo en cada lugar es el responsable de la fe; cualquier duda al respecto podemos acudir a él para resolverla. El Obispo por medio de sus sacerdotes mantiene esta vigilancia de la fe y de la doctrina en su diócesis.
Por todo esto la Iglesia Católica tiene mayor posibilidad de mantenerse unida, de no romperse; mientras que las iglesias protestantes tienen tendencia a dividirse cada vez, porque la interpretación de la Escritura la termina haciendo cada persona a cómo entiende y eso a la larga puede significar fundar un nuevo grupo, con un nuevo nombre, para resaltar ese aspecto preciso de doctrina que ha sido motivo de ruptura con el grupo original de pertenencia.
El poner la Palabra como el único punto de referencia de la fe es en sí mismo una limitación y hasta cierto punto una desviación doctrinal. Han sucedido casos de sectas protestantes que han llegado hasta el suicidio colectivo porque el pastor que interpreta las Escrituras ha llegado a esa conclusión y los fieles lo siguen, y no hay nadie quien pueda intervenir allí porque se basan en su interpretación de la Palabra y no dejan que nadie más se meta.
La Iglesia Católica tiene miles de personas estudiando las Escrituras, la Patrística, la Iglesia, la Liturgia, estudiando a la Virgen. Y todos están en comunión con el Magisterio y al final todo se va purificando y probando para que la doctrina sea siempre correcta, pura y limpia.
Los protestantes también tienen personas estudiosas de las Escrituras, pero cada teólogo se convierte en una fuente casi absoluta y muchas veces pueden llegar a doctrinas contrapuestas; no hay autoridad eclesial por encima; sobre todo las iglesias más pequeñas, donde un pastor termina interpretando las Escrituras para un pequeño grupo de personas y queda prácticamente como el único absoluto.
Es un esfuerzo loable pero a la larga es más débil; todo termina dependiendo de una sola persona, y lo que comenzó con la pura gracia, negando hasta cierto punto la densidad de la Iglesia, termina quedando apoyado en una o pocas personas quienes lo interpretan todo, y son una autoridad absoluta para ese pequeño grupo de fieles.
Otro aspecto importante de controversia con los protestantes es el de las imágenes en la Iglesia. Nosotros no adoramos imágenes. La adoración o latría, en latín, es solo para Dios. La veneración o dulía, es para los santos. Para María le llamamos hiperdulía, la má xima veneración que hay en la Iglesia; para San José decimos protodulía, una veneración primera, profunda, siendo el padre putativo de Jesús, Patrono de toda la Iglesia.
Las imágenes que utilizamos no son dioses falsos; son imágenes, que pueden tratarse de Jesús, de María, de los otros santos. El argumento de San Juan Damasceno en el siglo VIII fue que cuando Dios se hizo circunscribible, es decir, cuando pudimos verlo en Jesucristo, tocarlo, abarcarlo con nuestro abrazo, lo pudimos pintar.
Las imágenes son instrumento para la fe; no son falsos dioses. De hecho las imágenes son usadas constantemente por el ser humano. Es algo totalmente inherente a su naturaleza de creatura. Nosotros mismos somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Si todos fuésemos iguales nadie reconocería a nadie. Las mismas palabras escritas están hechas de letras y cada letra es una imagen diferente; la misma Biblia está hecha de palabras, de letras, que son imágenes, si no no pudiésemos leerla ni entenderla. Las palabras habladas son imágenes auditivas, cada cual diferente, sino no pudiésemos entendernos.
La imagen forma parte de la realidad y en la religión se usa como instrumento de devoción e incluso de catequesis, como era antes que la gente casi no sabía leer.
Las imágenes de la Virgen sabemos que son de madera, de yeso, de plástico, de muchos tipos de materiales, pero representan a una persona que vive en Dios y nos ayuda a acercarnos al cielo. Como seres humanos los santos nos ayudan a mediar nuestros sentimientos religiosos. El uso de imágenes es un medio, no un fin en sí mismo.
No significa que eso sea lo más elevado a nivel espiritual, pero es un caminar, un madurar en la fe y en la vida cristiana. Al final sabemos que lo más elevado es el acto de fe en sí mismo, en Dios mismo; en eso estamos de acuerdo con los protestantes; quizás ellos quieren asegurar ese acto de fe y sabemos que muchos católicos tienen menos formación y se apegan a las imágenes, pero estamos formándolos cada día un poco más, ayudándolos a profundizar la fe, a pasar de la simple devoción a una fe más madura y profunda, sin perder la devoción y amor a María, quien es la primera que hizo el acto de fe más auténtico, de la verdadera fe, y quien nos ayuda a hacer nuestro acto de fe, que es una fe común eclesial y personal al mismo tiempo, pero no es una fe individual, rota, que puede prestarse a muchas desviaciones.
Conclusión.
Es bueno profundizar en nuestra fe y religión para poder dar razón de nuestra fe (Cf. 1 Pe 3,15). Entender lo que plantean los hermanos protestantes y reconocer su aporte, pero a la vez ver sus límites y la riqueza de nuestra fe. Poder transmitirles a ellos que sus ideas respecto de nosotros no son reales; que son más bien prejuicios.
Nosotros estamos luchando por lo mismo que ellos luchan, por la fe, la esperanza y la caridad, por la salvación eterna. Tenemos mucho en común. Pero al mismo tiempo pertenecemos a la Iglesia de Cristo, y somos fieles a ella, con todo lo que nos transmite desde su origen hasta hoy, con todas las instituciones que ha ido formando, con sus sacramentos y estructuras.
En la Iglesia de Cristo caben todos, y cada cual tiene su importancia y función; lo mismo la Virgen María y los santos; y tienen su lugar en el culto eclesial y en la religiosidad popular. No somos idólatras; al contrario, el saber integrar a María y los demás santos nos ayuda a amar a Dios más y mejor, a rendirle el culto de adoración que se merece.
La verdadera fe y devoción no es extraña a María, la madre de Jesús, al contrario, fue ella la primera verdadera creyente cristiana y por lo mismo nuestra relación con ella nos va a ayudar adquirir una auténtica fe cristiana, y mientras nuestra fe se parezca e imite más la de María, será más plena, profunda y auténtica. La relación con María no es obstáculo para ser verdaderos cristianos, al contrario, es ayuda y garantía para lograrlo. No podemos ni queremos practicar nuestra fe sin María; no podemos ni queremos ser Iglesia sin María. La fe de María es la fe de la Iglesia.
Tenemos que ayudar a formar y purificar la fe de nuestro pueblo católico, debemos aceptar críticas al respecto, pero saber discernir y trabajar, y no destruir nuestra fe católica simplemente porque alguien nos la cuestiona. En todo caso, aceptando el aporte que cada cristiano pueda hacer, incluyendo los ortodoxos y protestantes, también los católicos darán su aporte y éste será valioso. Quien cumpla con mayor fidelidad lo que viene desde el origen de la Iglesia, la doctrina, la Palabra, y la practique mejor, será al final quien dé la mejor luz para caminar hacia Dios




.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)

.jpg)


.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)





.jpg)




.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.png)

.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)




