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IX- Piedad popular, Evangelización y María

El Magisterio de la Iglesia publicó el Directorio de Piedad Popular y Liturgia en el año 2002; la fe cristiana se expresa en la Liturgia pero también se expresa en la devoción popular, en las múltiples manifestaciones que existen a lo largo y ancho de la historia eclesial y humana.
Este documento nos hace ver cómo ha evolucionado la relación entre Liturgia y Piedad Popular a lo largo de los siglos.


Época Apostólica y sub-Apostólica
En la época apostólica y post apostólica la liturgia y piedad popular se hallan en expresiones comunes cultuales. Al comienzo para las comunidades cristianas, el centro celebrativo era esencialmente el misterio pascual y lo que contaba era la persona de Cristo Redentor (cf. Col 2,16), el acontecimiento mesiánico de su encarnación, nacimiento, vida, muerte y resurrección, ascensión, sus palabras (cf. Jn 6,63), su mandamiento de amor mutuo como fundamento de la naciente Iglesia para el Reino (cf. Jn 13,34), las acciones que él había pedido realizar en memoria suya para que permaneciera presente entre nosotros (cf. 1 Cor 11,24-26), las promesas del Paráclito y de su misión escatológica que recapitularía al final toda la historia de salvación.

Unida a esta celebración devocional de Cristo se desarrolla paralelamente y de forma más lenta la evocación de la Virgen María integrada al misterio de la salvación en la anunciación, de la proclamación de la acción de Dios en su propia vida y en la historia del pueblo de Dios con el canto del Magnificat, de su intercesión como madre de Dios a partir de las bodas de Caná, y la memoria de su presencia maternal oferente al pie de la cruz. La presencia del Magnificat en el evangelio de Lucas, canto de glorificación de impronta veterotestamentaria, denota la posible práctica no sólo de la veneración, sino el posible uso en la prácticas de oración para la proclamación de la gloria de Dios ya presente en las primeras celebraciones litúrgicas, como lo pudo atestiguar el mismo libro de los Hechos cuando pone a María presente y unida en un mismo espíritu de oración en el cenáculo a la espera del Paráclito.

La tradición de la muerte y asunción de María fue posiblemente el comienzo real de una devotio mariana entre los discípulos y seguidores del Señor, que vino a rellenar el constante sentido de admiración y respeto hacia la madre del Señor, que ya había existido mientras ella estuvo viva acompañando a la comunidad después de la Pascua.

Con respecto a la devoción mariana a partir de la experiencia comunitaria celebrativa de los primeros cristianos, se puede establecer un proceso de tres etapas: primero, de admiración mezclada con gratitud basada en el paralelismo María-Eva, que integra María al plan de salvación; segundo, de oración confiada como respuesta de fe del pueblo de Dios; tercero, de veneración en los templos y los mosaicos y pinturas en la contemplación del misterio de la maternidad divina.



Los primeros siglos
En los primeros siglos del cristianismo se puede hablar de un complejo fenómeno, donde empieza a darse desde fuera del cristianismo la coexistencia de diferentes culturas dentro del equilibrio de la pax romana del imperio por un lado, y por el otro lado, desde dentro, el crecimiento del Reino, acompañado por el progreso de la cultura universal desde el judeocristianismo.

Desde el siglo II comienza a emerger el proceso de progresiva incorporación por el cual empiezan a aparecer formas y expresiones de piedad popular, de origen judaico o greco-romano, o de otras culturas, que confluyen espontáneamente en la liturgia. Recordemos por ejemplo el documento de la Traditio apostólica con elementos incluidos de raíz popular. 
El culto de los mártires se extendió muy rápidamente en las Iglesias locales, y dentro de esa devoción se pueden encontrar restos de usos populares relacionados al culto de los difuntos. Esbozos de piedad popular se pueden encontrar también en algunas primitivas expresiones de veneración a la Bienaventurada Virgen, entre las que se recuerda la oración Sub tuum praesidium (Bajo tu Amparo) del II-III siglo, o como la famosa pintura de María con el Niño en las catacumbas de Priscila de Roma, donde se asocia el culto a los muertos y a los mártires con María madre y la figura del nuevo nacimiento en Cristo.

La Edad Media
Si los primeros siglos hasta el VIII-IX fueron los que marcaron la difusión del Evangelio y el establecimiento en la realidad histórica, religiosa, social y cultural más allá de Palestina y de Judea, la edad media (alta y baja) que le siguió, fue la época donde el cristianismo llegó a formular y realizar el proyecto de la Civitas Dei, es decir, la realización de una civilización fundada en la fe cristiana.

En Occidente se desarrolla el encuentro del cristianismo con los nuevos pueblos del centro y del norte de Europa, como los celtas, visigodos, anglosajones, francogermanos; y esto a su vez engendra un fructífero “proceso de formación de nuevas culturas y de nuevas instituciones políticas y civiles.” (Directorio de Piedad Popular y Liturgia, n.29). Lo que caracteriza enormemente este período, hecho que se prolonga hasta la mitad del siglo XV, es el dualismo entre la celebración en lengua latina de la liturgia y el desarrollo de una piedad popular en lengua vernácula.

Entre las causas que colaboran en esta división tenemos: la reducción de la participación de los laicos en la celebración litúrgica competencia exclusiva de los clérigos; el conocimiento insuficiente de las Escrituras y la difusión de la literatura apócrifa, más imaginativa y milagrera; la escasez de predicación mistagógica y homilética, acompañada por una formación catequética insuficiente; el uso del alegorismo que aleja el significado original de los textos sagrados; la utilización de formas y estructuras expresivas populares, ante una liturgia que se había vuelto incomprensible y distante para el pueblo. En la Edad Media nacen y se desarrollan así muchas prácticas devocionales que todavía perduran en la actualidad; sobre todo los acontecimientos salvíficos de la Navidad de Cristo y de su Pasión, Muerte y Resurrección, donde siempre se celebra la presencia de María como Madre y Señora.

Se puede decir que en la Edad Media, la relación entre liturgia y piedad popular presenta una influencia reciproca por un lado y por el otro mantiene un cierto dualismo. Al final de la Edad Media, ambas pasan por un periodo de crisis: “en la Liturgia por la ruptura de la unidad cultual, elementos secundarios adquieren una importancia excesiva en detrimento de los elementos centrales; en la piedad popular, por la falta de una catequesis profunda, las desviaciones y exageraciones amenazan la correcta expresión del culto cristiano.” (Directorio de Piedad Popular y Liturgia, n.30).

La Época Moderna
Desde el siglo XV se da más importancia a muchos ejercicios de piedad basados en la devoción espiritual interior íntima y personal, la devotio moderna, unida a la meditación afectiva fundamentada en la humanidad de Cristo y en la contemplación de su pasión y muerte. En cierto sentido, la liturgia queda movida de su carácter de fuente principal de encuentro con Cristo, lo cual favorece las prácticas de oración y de espiritualidad a expensas de las celebraciones comunitarias y eclesiales. Esto implica la pérdida de la valoración plena de la celebración y de la participación litúrgica. Los descubrimientos geográficos de África, América y Asia entre el siglo XV y el siglo XVI, fomentan nuevamente la relación entre liturgia y piedad popular, dado que los misioneros realizan su labor evangelizadora sobre todo por el anuncio del kerigma en la Palabra, las catequesis, y en la celebración de los sacramentos. (Directorio de Piedad Popular y Liturgia, n.36).

El Concilio de Trento (1545-1563) buscó responder desde el aspecto doctrinal la cuestión protestante, en especial definiendo la formación litúrgica y el ejercicio de la piedad del pueblo, por medio del Catecismo, para evitar abusos y errores y devolver al antiguo esplendor y dignidad la liturgia romana. A pesar de esto la rigidez de la ordenación de las rúbricas reforzó el aspectojerárquico y profundizó el dualismo con la piedad popular, que a su vez floreció creativamente y abundantemente.

Las misiones populares de la época, motivaron la propagación de los ejercicios de piedad.
En ellas, Liturgia y piedad popular coexisten, aunque con cierto desequilibrio: las misiones, de hecho, tienen por objeto conducir a los fieles al sacramento de la penitencia y a recibir lacomunión eucarística, pero recurren a los ejercicios de piedad como medio para inducir a la conversión y como momento cultual en el que se asegura la participación popular. (Directorio de Piedad Popular y Liturgia, n.41).

En Latinoamérica empieza un proceso diferente de inculturación de la fe, sobre todo a partir de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe en México (1531) y de Nuestra Señora de Coromoto en Venezuela (1652), que con su naciente devoción e impacto histórico cultural religioso activan el proceso de evangelización desde criterios inculturados; criterios no impuestos sino dados providencialmente a los pueblos amerindios y a la raza criolla naciente. También adquieren importancia las diferentes advocaciones marianas tradicionales en el Continente como la Inmaculada, la de Altagracia, la Asunta, la Virgen del Carmen, la Divina Pastora, etc.


La Época Contemporánea
Después de la revolución francesa del siglo XIX y posteriormente la era napoleónica, con sus efectos antirreligiosos y anticatólicos; se da un camino de reconstrucción religiosa y renacimiento litúrgico (mencionamos la obra litúrgica del abad Prosper Guéranger (+1875), restaurador del monacato en Francia y fundador de la abadía de Solesmes), que sobre todo se expresa progresivamente con el surgimiento de centenares de Congregaciones de vida religiosa, en especial de denominación y espiritualidad mariana (se habla de unas setecientas).

Al valorarse la Iglesia como pueblo de Dios se motiva la liturgia entendida como la expresión cultual, sentida y participada de todo el pueblo de Dios. De esta forma se comienza a recuperar el terreno entre la piedad popular y el culto celebrado. Así, al incrementarse el uso del canto litúrgico, se da el aumento de nuevos cantos populares; facilitado por el uso de misales bilingües y de la propagación de devocionarios. El romanticismo de la época se refleja también en la devoción popular y con respecto a María se exaltan espiritualmente los valores virtuosos de su ser femenino como virgen, esposa y madre. 

También en esta época se desarrolla un fenómeno ya conocido desde la antigüedad que relaciona la piedad popular influenciada por las apariciones y milagros de la Virgen María:”Expresiones de culto locales, nacidas por iniciativa popular, y referidas a sucesos prodigiosos, milagros, apariciones, (ver La Salette, La Milagrosa, Lourdes), obtienen posteriormente un reconocimiento oficial, el favor y la protección de las autoridades eclesiásticas y son asumidas por la misma Liturgia. En este sentido es característico el caso de diversos santuarios, meta de peregrinaciones, centros de Liturgia penitencial y eucarística y lugares de piedad mariana.” (Directorio de Piedad Popular y Liturgia, n.45).

Gran labor desarrolló respecto a la liturgia el Papa san Pío X (1903-1914) que buscó popularizarla; es decir, hacerla “popular”. Para que el pueblo tuviera un auténtico espíritu cristiano. También afirmó la superioridad del culto litúrgico para evitar la confusión con la piedad popular y buscó abrir caminos en la justa comprensión y relación entre liturgia y prácticas piadosas populares. De esta forma se desarrolló paulatinamente el gran movimiento litúrgico entre el siglo XIX y XX con el aporte de especialistas, teólogos, monjes, obispos y pontífices, que movidos por el Espíritu Santo fueron reconociendo, profundizando el objetivo pastoral de renovar la participación y el sentido de pertenencia a la enorme feligresía multicultural y multiétnica del pueblo de Dios (cf. 1 Pe 2,5). Al mismo tiempo se fue aclarando la importancia de la devoción popular, a pesar de la resistencia de los exponentes más estrictos de la renovación litúrgica. En este sentido el papa Pío XII, en la encíclica Mediator Dei del 21 de Noviembre de 1947, defendió la importancia de los ejercicios de piedad, con los cuales, se había identificado la piedad católica de los últimos siglos.

Al final de este recorrido histórico, el Concilio ecuménico Vaticano II, mediante la Constitución Sacrosanctum Concilium, definió como Magisterio la relación entre la Liturgia y la piedad popular, “proclamando el primado de la santa Liturgia y la subordinación de los ejercicios de piedad, aunque recordando la validez de estos últimos.” (Directorio de Piedad Popular y Liturgia, n.46).



La veneración a la Santa Madre del Señor
El capítulo V del Directorio se preocupa de presentar el culto a María. En general se pueden diferenciar en la devoción mariana cuatro aspectos: Veneración o hiperdulía porque se reconoce la excelencia de la madre de Dios, amor: amar a Cristo es amar a María y amar a María es amar la Iglesia de Cristo, invocación se invoca como intercesora, imitación de las virtudes.

La subdivisión del capítulo se resume así: Algunos principios (183-186); Los tiempos de los ejercicios de piedad marianos (187-191); La celebración de la fiesta (187); El sábado (188); Triduos, septenarios, novenas marianas (189); Los “meses de María” (190-191); Algunos ejercicios de piedad, recomendados por el Magisterio (192-207); Escucha orante de la Palabra de Dios (193-194); El Angelus Domini (195); El Regina caeli (196); El Rosario (197-202); Las Letanías de la Virgen (203); La Consagración – entrega a María (204); El Escapulario del Carmen y otros escapularios (205); Las medallas marianas (206); El himno Akathistos (207).

Vamos a reportar el texto de los principios generales que consideramos más importante para poder comprender las devociones populares marianas combinadas con la liturgia y el tiempo litúrgico.

Algunos principios
La piedad popular a la Santísima Virgen, diversa en sus expresiones y profunda en sus causas, es un hecho eclesial relevante y universal. Brota de la fe y del amor del pueblo de Dios a Cristo, Redentor del género humano, y de la percepción de la misión salvífica que Dios ha confiado a María de Nazaret, para quien la Virgen no es sólo la Madre del Señor y del Salvador, sino también, en el plano de la gracia, la Madre de todos los hombres.(Directorio de Piedad Popular y Liturgia, n.183).

La directriz fundamental del Magisterio, respecto a los ejercicios de piedad, es que se puedan reconducir al “cauce del único culto que justa y merecidamente se llama cristiano, porque en Cristo tiene su origen y eficacia, en Cristo halla plena expresión y por medio de Cristo conduce en el Espíritu al Padre”. Esto significa que los ejercicios de piedad marianos, aunque no todos del mismo modo y en la misma medida, deben:
  • - expresar la dimensión trinitaria que distingue y caracteriza el culto al Dios de la revelación neotestamentaria, el Padre, el Hijo y el Espíritu; la dimensión cristológica, que subraya la única y necesaria mediación de Cristo; la dimensión pneumatológica, porque toda auténtica expresión de piedad viene del Espíritu y en el Espíritu se consuma; el carácter eclesial, por el que los bautizados, al constituir el pueblo santo de Dios, rezan reunidos en el nombre del Señor (cfr. Mt 18,20) y en el espacio vital de la Comunión de los Santos;
  • - recurrir de manera continua a la sagrada Escritura, entendida en el sentido de la sagrada Tradición; no descuidar, manteniendo íntegra la confesión de fe de la Iglesia, las exigencias del movimiento ecuménico; considerar los aspectos antropológicos de las expresiones cultuales, de manera que reflejen una visión adecuada del hombre y respondan a sus exigencias; hacer patente la tensión escatológica, elemento esencial del mensaje cristiano; explicitar el compromiso misionero y el deber de dar testimonio, que son una obligación de los discípulos del Señor. (Directorio de Piedad Popular y Liturgia, n.186).

Los Santuarios y las Peregrinaciones
Es importante resaltar esta realidad de la piedad popular católica, especialmente mariana; las apariciones marianas han producido santuarios donde millones de personas acuden anualmente a renovar su fe, a alimentarse espiritualmente. Hay zonas del mundo descristianizadas y sin embargo mantienen vigencia los grandes santuarios marianos que están en esas regiones, como Lourdes en Francia y Fátima en Portugal. En esos santuarios se da una pastoral propia de santuarios, que requiere preparación adecuada, atención especializada, trabajo con los jóvenes, las familias, los enfermos y además con diversas clases de profesionales, los militares, los maestros, entre otras profesiones.

Allí también confluyen las Peregrinaciones, que no son simplemente un paseo turístico, sino grupos de personas o individuos que realizan un viaje especialmente hacia esos lugares, y que la mayoría de las veces tienen una profunda devoción a María la madre de Jesús. Las peregrinaciones son muy importantes en el ámbito de la fe; desde Abraham, el padre de la fe, quien estuvo en el desierto buscando a Dios, Moisés y el pueblo de Israel. Nuestro camino de fe se nos presenta como una peregrinación en la vida hacia la casa del Padre, acompañados por María, a quien invocamos y acudimos para sentir su protección y ayuda, su amor materno, su manto protector que nos arropa. La dimensión peregrinante ligada a los santuarios marianos representa un área de mucha relevancia en nuestra Iglesia Católica y hay que también trabajar con ella, ayudando a los fieles a practicarla para renovar la fe y no quedarse adormecidos en una actitud casi inmóvil. La Virgen María también salió a atender a Isabel su prima, salió a servir, a cumplir la voluntad de Dios. Salir de sí mismo para encontrarse con Dios y con el prójimo, para servir a Dios y al prójimo.


Evangelización y piedad popular mariana en Latinoamérica
El pueblo en general no profundiza demasiado intelectualmente, pero vive la intuición de la fe, el sensus fidelium, que es más profundo que cualquier conciencia simplemente intelectual.
El Espíritu Santo es quien trabaja en la Iglesia para llevar al pueblo de Dios por los caminos espirituales. La Iglesia debe trabajar de acuerdo con el Espíritu Santo atendiendo al pueblo de Dios y ayudándolo a elevar y purificar su doctrina y su fe. La devoción mariana en Latinoamérica tiene un arraigo especial y misterioso en el pueblo de Dios, millones de personas se mueven por esa devoción a María y a otros santos. No pocas de esas personas no saben mucho de la doctrina cristiana pero acuden con gran fervor y espíritu religioso a los santuarios, peregrinaciones, procesiones dedicadas a esos santos.

Hay que estar conscientes de que el pueblo tiene sed de Dios, pero que no sabe muchas veces cómo profundizar; se puede quedar en la imagen, la costumbre, los ritos tradicionales, pero en ningún momento debemos desvalorizar esta realidad religiosa espiritual, tampoco tenemos que tener un prejuicio solamente porque no la comprendemos. Debemos estar abiertos a la acción del Espíritu en medio de su pueblo, y cooperar para que esa acción ocurra lo mejor que podamos. La Iglesia latinoamericana tiene fuerza no solamente por su verdad, que es eterna e inconmovible, pero también por la gente, por la masa de creyentes.

Los Documentos del CELAM
La Exhortación Apostólica post sinodal de Juan Pablo II Ecclesia in America, n. 11, toma del documento de Puebla n. 282 el punto más álgido del enfoque mariano de ese documento: En Santa María de Guadalupe encontramos un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada. La veneración a nuestra Madre y en especial la advocación de nuestra Señora de Guadalupe, asociada a sus apariciones en México, en 1531, se puede considerar el punto de encuentro entre liturgia, piedad popular, santuario, peregrinación, evangelización, inculturación, en la realidad del Continente Americano. La religiosidad popular está presente en muchos de los documentos de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano C.E.L.A.M. desde el comienzo hasta ahora: recordaremos en el Documento de Puebla 1979: La Evangelización y Religiosidad Popular: 444-469; en el Documento de Santo Domingo 1992: nn. 18; 36; 38; 39; 53; 240; 247; en el Documento de Aparecida 2007: La piedad popular como espacio de encuentro con Jesucristo: 258-265.

El culto mariano popular relacionado con la presencia de María a lo largo del año litúrgico y de acuerdo con las diferentes advocaciones locales y tradiciones populares ocupa un puesto relevante en la vida de la Iglesia Latinoamericana y de la religiosidad del pueblo. La presencia de la Virgen María en la piedad popular es reportada en Puebla n.454: “Ella y sus misterios pertenecen a la identidad propia de estos pueblos y caracterizan su piedad popular, venerada como Madre Inmaculada de Dios y de los hombres, como reina de nuestros distintos países y del continente entero”; y en Santo Domingo n. 53: “En esta tarea (de líneas para la Nueva Evangelización) se deberá poner una especial atención a la valorización de la piedad popular, que encuentra su expresión especialmente en la devoción a la Santísima Virgen, las peregrinaciones a los santuarios y en las fiestas religiosas iluminadas por la Palabra de Dios. Si los pastores no nos empeñamos a fondo en acompañar las expresiones de nuestra religiosidad popular purificándolas abriéndolas a nuevas situaciones; el secularismo se impondrá más fuertemente en nuestro pueblo latinoamericano y será más difícil la inculturación del Evangelio”.

Por último el documento de Aparecida, además de reconocer la importancia histórica y actual de la devoción mariana de nuestros pueblos, en especial describe poéticamente un punto importante que relaciona la vitalidad de la piedad popular con la espiritualidad personal y de masas que encuentran en el Rosario, en el Crucifijo, en la vela encendida, en la pequeña expresión de oración vocal y en la mirada a las imágenes queridas de María, el momento de desasosiego en la lucha de lo cotidiano.(DA,61). María, discípula y misionera del Señor en Latinoamérica, reúne, en su modelo espiritual y evangélico a la escucha de la Palabra, la importancia de la devoción popular unida al itinerario catequético de formación y compromiso, a la evangelización, a la inculturación, a la celebración litúrgica en la historia actual de la Iglesia de todo el Continente, de cara a un futuro lleno de esperanza.


El Concilio Plenario de Venezuela
El evento principal de la Iglesia Venezolana después del Concilio Vaticano II ha sido el Concilio Plenario de Venezuela realizado entre el 2000 y el 2006 en Caracas. El tema de la religiosidad popular ha sido tratado en especial en el documento dedicado a La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela. Pero la dimensión mariana de la devoción popular se hace presente en distintos puntos de otros documentos del mismo Concilio: El pueblo venezolano le manifiesta un profundo amor y devoción reflejados en un gran número de advocaciones y este amor impregna el año litúrgico (CMF n. 23); fortalece e inspira la espiritualidad de comunión (CIV nn. 56, 77); hay que favorecer la devoción a ella y la confianza en su cercanía (JBNJ nn. 84-85); a lo largo del año litúrgico celebramos la presencia diversa y permanente de la Madre de Dios (CMF n. 66); promover el significado de su figura e devoción como modelo de inculturación (ECV n. 89d); potenciar el culto a las diferentes devociones sentidas por nuestro pueblo: Chiquinquirá, del Valle, Divina Pastora, del Socorro, de la Consolación, entre otras (ISMR n. 112).

Por último hay que recordar la Carta Pastoral Colectiva de la Conferencia Episcopal Venezolana por la clausura del Año Jubilar de la Aparición y de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de Coromoto el 8 de septiembre del 2003, en pleno desarrollo del Concilio Plenario. En ese documento se presenta el culto nacional a la Virgen María a partir de las apariciones de 1652, las vicisitudes del culto coromotano, el Patronazgo a partir de 1952, y sobre todo la importancia del mensaje que favorece el proceso de unidad del pueblo por la fe en Jesucristo y el amor a la Virgen Madre de Dios: ella nos invitó al bautismo para poder ir al cielo.

Lo que debemos hacer como Iglesia.
La Iglesia debe recibir y valorar esa piedad popular, y trabajar con el pueblo de Dios que se ve atraído por María. evangelizarlo, catequizarlo e irlo llevando a una fe purificada y a una profunda participación litúrgica sacramental. Sobre todo la Confesión y la Eucaristía.

Hacer conciencia de lo que significa ser bautizados. En este sentido cada advocación mariana, ligada a su devoción popular, puede ser instrumento de evangelización y catequesis.
Si tomamos la Virgen de Coromoto y analizamos el contenido de su mensaje, podremos motivar a los creyentes a que vivan de verdad su Bautismo; que descubran lo que significa la gracia divina, que se abran a la acción de Dios, quien utiliza los elementos naturales como el agua para purificarnos y darnos su gracia. Llevar a los fieles a vivir una profunda experiencia de renovación bautismal, acompañada de una formación adecuada a ese pueblo devoto de la Virgen de Coromoto. María lleva a Jesús en los brazos, quien tiene el mundo en sus manos. El Bautismo nos hace ser parte de Cristo y nos lleva a la salvación.

Si tomamos la Divina Pastora y estudiamos su imagen con mayor detalle veremos que lleva el Niño en sus brazos, como la Coromoto, ella nos propone a Jesús como su más grande tesoro. Ella lleva el bastón para pastorear las ovejas y así cumplir su vocación de madre espiritual que recibió en la cruz y que nosotros recibimos como hijos, he ahí a tu hijo… he ahí a tu madre…(Cf. Jn 19,25ss).
Con María buscaremos los pastos de Dios. Es la imagen de la Iglesia maternal y pastoral.

Así cada imagen mariana tiene un contenido teológico eclesiológico conectado con la revelación de Dios, con la Historia de la Salvación, que debemos aprovechar en nuestro trabajo evangelizador para llevar al pueblo de Dios a una maduración progresiva de su vida cristiana, a una práctica cada vez más clara y profunda de la fe, la esperanza y la caridad. Ser y hacer Iglesia con María.

El estudio de la Mariología debe ayudarnos a nuestra conversión personal y eclesial, y motivarnos a desarrollar una Pastoral Mariana actualizada, algunas ideas y criterios generales teológicos pastorales y litúrgicos son:
  • -María Virgen y Madre dentro del misterio de Dios. Su relación con el Padre el Hijo y el Espíritu Santo.
  • -María miembro preeminente de la Iglesia. Madre de Cristo y madre espiritual de los cristianos.
  • -María modelo de discípula y misionera en el camino de maduración de la espiritualidad de comunión de la Iglesia.
  • -La presencia mistagógica de María Oyente, Orante y Oferente en la vida sacramental.
  • -La devoción mariana nos ayuda a llegar a la plenitud de la fe, esperanza y caridad cristiana.
  • -Tomar en consideración las distintas advocaciones marianas particulares de cada lugar y cultura, la religiosidad popular y la dimensión mariana del tiempo litúrgico correspondiente en el año.
También es bueno considerar actividades pastorales concretas a promover:
  •  -Promover las misiones populares con María y la visita de su imagen a los hogares.
  • -Preparar y efectuar charlas de formación mariana para la comunidad, pueden ser para niños, jóvenes y adultos, acompañadas con una actividad de devoción mariana (oración, rosario, cantos, procesiones) a nivel parroquial, sectorial, eclesial.
  • -Promover la inculturacion mariana en el arte, como pinturas, artesanías, poesías, cantos, música entre otros, para la nueva evangelización.
  • -Utilizar los medios audiovisuales como películas, videos, música y producir nuevos materiales para la evangelización que ayuden al pueblo de Dios en su formación, como dípticos, trípticos, panfletos, carteleras, afiches, presentaciones en Power Point. Además usar las redes sociales para transmitir el contenido mariológico.
La Pastoral Mariana tiene como objetivo global ayudar a que el pueblo de Dios vaya adquiriendo una fe, esperanza y caridad cristiana cada vez más profunda y clara. A ser y hacer Iglesia con María. La primera redimida, la primera discípula y misionera, la primera creyente y adoradora de Dios en espíritu y en verdad. La renovación pastoral de la Iglesia es promovida también desde esta labor mariana, en una espiritualidad de comunión y participación, en una labor de pastoral de conjunto, tal como lo pide la Iglesia actual y lo exigen los tiempos que vivimos.

Con María, avancemos por los caminos de la fe, la esperanza y la caridad.

VIII- María en el Ecumenismo

(Diálogos con otros cristianos)

El ecumenismo trata de las relaciones entre las varias iglesias cristianas. Teniendo tres grandes bloques, los Ortodoxos, los Católicos y los Protestantes.
Respecto de los Ortodoxos, ellos quieren mucho a la Virgen y no tienen ningún problema en venerarla, invocarla y rendirle culto incluso dentro de la celebración litúrgica.

Los Católicos profesan un profundo amor a María, le rinden culto de veneración, tanto dentro de la liturgia como por fuera de ella.

Los Protestantes en general tienen una fuerte restricción respecto de su relación con María; sobre todo no la invocan ni le piden intercesión; no le rezan a ella directamente.

--La ruptura de la Iglesia con los Ortodoxos fue aproximadamente en el año 1.000 después de Cristo, cuando las iglesia del Imperio Bizantino y la de Roma tuvieron tensiones fuertes y terminaron con una ruptura. Sin embargo la doctrina en general es prácticamente la misma, incluso ellos celebran los sacramentos y la misma Eucaristía como presencia real de Cristo en ella.

--La ruptura con los Protestantes fue en el siglo XVI, y se les dio este nombre cuando los príncipes que se reunían para discutir las cuestios del Imperio Romano protestaron para pedir la libertad en cuanto a la religión; ya estando en curso la Reforma de Lutero, y así cada cual quedó libre de practicar su religión como estado. Aunque dentro de los mismos reinos hubo persecuciones según la gente era de una o de otra religión.

Para lograr tener más apertura fraterna con los hermanos protestantes pudiésemos considerar que ellos son cristianos que en un momento entraron en un camino de fe un poco diferente pero que en el fondo forman parte de la misma Iglesia que Cristo fundó; tienen fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; buscan vivir sus enseñanzas; valoran la conversión a Dios y quieren vivir una fe viva y auténtica, usan la Palabra cotidianamente y tratan de aplicarla en su vida de cada día.

Podemos tratar de ver lo positivo que viven y las cosas de ellos que nos pueden motivar a ser mejores cristianos católicos. Por otra parte quien ame más vencerá, y nuestra doctrina católica nos permite amar con mayor profundidad; el carisma mariano, que es el carisma propio de la Iglesia, nos muestra que ella a pesar de las ofensas que recibió por la pasión de su Hijo, nunca pecó, venció el odio y el mal, siguiendo a Jesús, quien en la cruz dijo: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. (Cf. Lc 23,34).

Nuestro deber es amar al prójimo, como nos dice San Pablo, que no debamos nada a los demás sino el amor (Cf. Rm 13,8). Si amamos a nuestro prójimo, aunque sea diferente, podremos favorecer la fraternidad, sentirnos hermanos de todos, como lo hacía San Francisco de Asís, y valorar lo bueno que tienen a la vez que reconocer lo que no está bien. Al fin y al cabo todo carisma pertenece a la Iglesia, lo que sucede es que estamos divididos, pero hay en el fondo una sola Iglesia. El trabajo ecuménico apunta a lograr la unidad perdida de la Iglesia, lo cual será para el mundo el signo más poderoso de que Cristo está vivo.

La doctrina protestante.
Los Protestantes en general quisieron centrar nuevamente la fe en Cristo y pensaron que si se le rendía culto a la Virgen era una desviación; por eso rebajaron muchísimo las expresiones devocionales hacia ella. Aunque Lutero mismo amaba a María y escribió acerca de ella y mantuvo su amor a María hasta el final de su vida.

Pero históricamente ellos se fueron identificando más con la Palabra, con la predicación, con los coros de música; y los católicos siguieron cultivando la devoción a María, al Santísimo Sacramento, es decir, la presencia real de Cristo en la Eucaristía y en los demás sacramentos; el respeto, obediencia y amor al Papa, el Sacerdocio Ministerial como sacramento, la Confesión, etc.

Al final eso ha producido una diferente manera de acercarse a la fe, de creer; una diferente manera de relacionarse con María y los otros santos, una diferente manera de percibir la Iglesia y los sacramentos y por lo mismo, de la forma de celebrar el culto a Dios.

La doctrina protestante, en general mantiene una fuerte negatividad antropológica teológica; el ser humano está sumamente dañado por el pecado original y no puede hacer nada por su salvación; lo que nos salva es únicamente la gracia de Dios y el ser humano debe creer en Cristo de verdad para poder salvarse, para recibir la gracia; lo que importa es justamente eso, creer; lo demás no es tan necesario.

Como Doctrina escrita es la Palabra de Dios, la Biblia; las demás enseñanzas que tiene la Iglesia, la Tradición, el Magisterio, no tienen relevancia para los protestantes.
Así queda lo propio protestante de: sola Gracia, sola Fe, sola Escritura. El ser humano todo lo que haga con su esfuerzo es presunción; su voluntad está tan dañada por el pecado original que heredamos de Adán y Eva que cualquier intento de salvación por sí mismo lo va a llevar a la perdición porque es puro orgullo y soberbia.

Por lo mismo la intercesión de los santos y de María es totalmente irrelevante, es más bien un pecado dirigirse a ellos para algo de Dios, porque Dios mismo lo da sin necesidad de intermediarios. Ellos no pueden hacer nada para ayudarnos.

Así el sentimiento de apoyo en María, de su maternal protección queda completamente negado y abolido, prácticamente prohibido. Lo único que tiene que hacer es creer en Cristo y esa fe lo va a salvar. Y la manera de acrecentar esa fe es leer la Biblia.

Hay algunas grandes congregaciones protestantes como la Iglesia Luterana, de Lutero, la Iglesia Reformada, de Calvino; los Anglicanos, que tomaron un poco de la doctrina calvinista. De estas grandes congregaciones han surgido muchas otras sobre todo en el último siglo en USA, muchos grupos más reducidos, algunos con millones de fieles, otros con miles o cientos.


Los Diálogos Ecuménicos
Los Diálogos Ecuménicos, se han dado entre las diferentes denominaciones, sobre todo con los Luteranos y los Reformados (Calvinistas) también con los Anglicanos y otros con los Ortodoxos.

En estos diálogos ecuménicos se han tratado muchos temas como los Sacramentos, la Iglesia, el Primado del Papa, los Ministros de la Iglesia, etc. Además se ha tratado el tema mariano, buscando acuerdos acerca de la Madre de Jesús entre los diferentes credos.
Con los Ortodoxos no hay prácticamente casi ninguna discrepancia; con los Anglicanos en general hay bastante cercanía respecto de María. Con los Luteranos y Reformados es más difícil.

Aunque todos pueden reconocer la relevancia de María, sin embargo les cuesta darle a ella un rol de mayor colaboración en la obra de la redención; ella es simplemente un instrumento pasivo que Dios usó para hacer su obra; ella es igual a todos los demás y por eso ella pudo tener más hijos y eso no tiene ninguna importancia para la fe. Ella es una mujer humilde, pobre, que Dios quiso elegir para hacer su obra.

Para los católicos María juega un papel mucho más relevante; como todo creyente, ella tiene también voluntad, sentimientos; respuestas a Dios. Ella participa con su entrega, su fe, su amor, en la obra de Dios. Ella lo sacrifica todo, incluso a su Hijo, para que suceda la redención de la humanidad, y ella sigue ayudando, como madre espiritual desde el cielo, madre de todos los seguidores de Jesús, madre de todos los hombres. María coopera a la obra de la salvación con su respuesta afirmativa a la voluntad de Dios.

La manera como los protestantes perciben la naturaleza humana, tan corrompida, tan aplastada por causa del pecado, incapaz de responder a Dios; les dificulta percibir que somos personas creadas a imagen y semejanza de Dios y por lo mismo mantenemos la inteligencia y la voluntad, la memoria y la conciencia; y podemos participar de la gracia, no solamente como entes pasivos sino como personas responsables ante la gracia divina; para ellos María es como cualquier otra persona y nadie puede ayudar a la gracia de Dios. No se debe invocar a los santos y a María. Ellos no pueden hacer nada por nadie.

Para los católicos las personas que han llegado a Dios tienen libertad y participación en la gracia divina; escuchan y acompañan a la Iglesia militante de la tierra; rezan por nosotros, interceden ante Dios por nosotros; estos dos aspectos sí son aceptados por los protestantes, que los fieles difuntos que están con Dios pueden rezar por nosotros, interceder por nuestro bien, pero más nada; y nosotros no debemos invocarlos de ninguna manera.

Para los católicos la intercesión es más concreta y buscamos la ayuda de María invocándola y pidiéndole directamente a ella. La oración Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios… encontrada en tablillas de Egipto del siglo III muestran el sentimiento y oraciones que los cristianos, en comunidad, dirigían a María, siglos antes de que los protestantes existieran.

En general los católicos viven la Iglesia como una comunidad de amor concreta, vital, consistente; donde las personas que van llegando a estar con Dios no simplemente se salvan y se olvidan de los demás sino que al contrario, se acercan más a todos y les ayudan en su caminar; cada santo de la Iglesia es un amigo, a quien imitar pero también con quien dialogar, buscar ayuda, pedirle incluso milagros por su intercesión ante Dios. La relación eclesial comienza aquí en la Iglesia militante, en este mundo, y sigue en la Iglesia triunfante, en la eternidad, pero el amor es siempre y cada vez más intenso y común; y todos ayudan a todos. Todos son valorados y reconocidos, todos son amados y recordados.

Cómo hablar a los protestantes de María.
Es importante tratar de no escandalizar a los creyentes de otras iglesias, y aclararles que lo que ellos piensan de nosotros son prejuicios o no nos entienden bien.
Los tres elementos esenciales de su doctrina son: la sola fe, la sola gracia, la sola Escritura. Además hay otras situaciones como las imágenes, la mediación de los santos, etc.

Si partimos del hecho de que los protestantes tienen elementos positivos que nos pueden ayudar a revitalizarnos como Iglesia y no solamente elementos negativos, podremos entablar diálogos marianos más fructíferos, sin por eso caer en confusiones doctrinales.

Cuando hablamos de valorar la fe en Jesucristo, es una revitalización muy importante.
El Concilio Vaticano II realizó su renovación litúrgica y eclesial poniendo la centralidad de Cristo; el año litúrgico está completamente centrado en Él, su nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección. María y los santos entran allí sin descentrar la fe cristiana.

Pero nuestra fe no descarta la presencia y la fe de María, porque ella estuvo allí desde el comienzo y no se va a ir de la Iglesia; ella en verdad nos enseña la verdadera fe y nos motiva a encontrarnos con Jesús, con Dios.

Nuestro acto de fe no es un acto independiente del amor a María, del aprecio por ella, del sentimiento de que ella es nuestra madre y de que el mismo Jesucristo nos la entregó en la cruz.

Quien ama a Cristo ama a María.
Nosotros no somos idólatras de María; adoramos a Dios pero sin apartarnos del amor maternal de María, al contrario, ese amor nos ayuda a ser auténticos adoradores de Dios, en espíritu y en verdad.



La sola gracia. 
Es importante valorar la gracia de Dios por encima de nuestras capacidades y fuerzas. Nosotros necesitamos de la gracia de Dios para salvarnos pero también necesitamos de la Iglesia, de las personas que sirven en ella, de las que ya se han ido, de los sacramentos donde Cristo da su gracia. 
Necesitamos el Pan de Vida para alimentarnos y crecer en la gracia; necesitamos la Confesión para lavar nuestras manchas y pecados, necesitamos la Unción para enfrentar la enfermedad. 
Para los católicos las personas, la Iglesia, los sacramentos, son consistentes e importantes, y nos apoyamos en todo eso para caminar en la fe, la esperanza y la caridad hacia el cielo.

El protestante busca de desarrollar la fe por encima de todo, valorar solamente la gracia de Dios y deja de percibir el valor de la Iglesia como tal, de los sacramentos, del mandamiento nuevo de Cristo, que nos amemos los unos a los otros como Él nos amó (Cf. Jn 13,34).

Cada cual busca de salvarse mediante la gracia de Dios, mediante la escucha de la Palabra, mediante la fe.
Lo cual está bien, pero para la Iglesia, la revelación es más amplia que simplemente eso. Nosotros los católicos creemos en la Iglesia, es allí donde la gracia de Cristo nos llega, por medio de los sacramentos. 
Los protestantes van directamente a Cristo, por medio de la fe y la oración; para ellos los sacramentos, como la Eucaristía, prácticamente no tienen consistencia de gracia; son más bien recuerdos, en cambio para el católico, Cristo realmente está presente allí; Cristo realmente perdona los pecados en la Confesión por medio del sacerdote; verdaderamente el Sacerdote actúa in persona Christi; es Jesucristo mismo quien está allí actuando cuando el sacerdote realiza los sacramentos.

Los protestantes hacen un acto sincero de fe y ya con eso es suficiente; lo pueden lograr orando en un grupo, escuchando una música, leyendo la Palabra. Este acto de fe es importante, forma parte de la vida cristiana y es requerido para cada uno de nosotros, pero los católicos vivimos la fe no solamente de manera individual personal sino además colectiva eclesial. La fe es común a la Iglesia; no se puede inventar cada vez, y los que nos han precedido en la fe son importantes para nosotros, especialmente los apóstoles y María, la primera creyente cristiana, maestra de la única fe revelada.

En la relación con los protestantes es bueno transmitirles que también nosotros nos basamos en la gracia de Dios y no en nuestras propias fuerzas y capacidades; nosotros también creemos que Cristo es quien nos redime y nos abre la salvación. Nosotros no nos salvamos simplemente porque cumplimos ciertos actos piadosos o bondadosos; es Cristo quien dio su vida por nosotros para sacarnos del pecado y de la muerte eterna.

Pero nosotros como católicos valoramos mucho el amor y servicio a nuestro prójimo; tomamos en cuenta la palabra de Juan: quien dice que ama a Dios y no ama a su projimo es un mentiroso (Cf. 1 Jn 4,20). El juicio final va a tener un contenido relacionado al prójimo: tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber… (Cf. Mt 25,35-36).

Debemos vivir la fe y el amor a Dios pero debemos también amar y servir al prójimo, en eso se juega nuestro destino eterno. Por eso tomamos muy en serio la consistencia del amor concreto al hermano, y María entra en esta lógica; ella está amándonos como Jesucristo se lo pidió y nosotros creemos y valoramos ese amor. Ella de verdad nos ayuda y su ayuda nos hace falta. Así mismo cada uno de nosotros tiene que encontrar ese momento donde debe ayudar a su prójimo, ayudarlo incluso a su salvación eterna.

Una manera de explicar los dos últimos dogmas, el de la Inmaculada Concepción y el de la Asunción de María a los cielos, que son rechazados por los protestantes, es por ejemplo decir que María fue preservada del pecado original, es Inmaculada, por pura gracia de Dios, por los méritos de Cristo, fue redimida antes de comenzar a existir, para ser la madre del Redentor. Ella no lo mereció sino que Dios se lo dio. Allí vemos actuar completamente la gracia de Dios, la sola gracia. María es la primera justificada por la gracia de Dios.

Respecto de la Asunción de María a los cielos, podemos decir que no es un llamado para ella sola sino que todos estamos llamados a llegar allí. No es un privilegio para ella sino que es primicia para la Iglesia toda. Muestra el poder de Cristo sobre el pecado y la muerte; el triunfo definitivo de Dios sobre el mal. No depende de la capacidad de María sino que es una gracia de Dios, ella fue asumida por Dios en el cielo, esperanza para todos nosotros y prueba de que Cristo ha triunfado verdaderamente y ha comenzado la nueva creación, la Nueva Alianza de Dios con la humanidad. María anticipa el destino de la Iglesia toda.

La Palabra es el otro aspecto fundamental. Nosotros los católicos basamos nuestra fe en la Palabra de Dios, no la negamos en ningún momento, al contrario, la consideramos como revelación de Dios, Sagrada Escritura. La Iglesia Católica tuvo bastante tiempo frenando un poco el uso de la Biblia directamente por el pueblo, por temor a posibles mal interpretaciones; sin embargo ha utilizado la Palabra en todas las celebraciones sacramentales; en la misa se lee prácticamente toda la Biblia a lo largo del trienio de los ciclos A,B y C del año litúrgico.

En esta época la Iglesia Católica ha reforzado más el conocimiento y uso de la Palabra para todos los fieles; esto ha sido una insistencia saludable desde el lado protestante. Lutero fue el primero que imprimió la Biblia en imprenta y en idioma alemán, lo cual facilitó su amplia difusión popular.

Pero como Católicos nosotros también basamos nuestra fe en la Tradición, en lo que viene transmitido desde la Iglesia original; desde Cristo por medio de los Apóstoles y primeros discípulos y creyentes; entre los cuales estaba María, la primera creyente de la Iglesia.

La fe primero fue vivida en comunidad y luego escrita en libros. Primero fue la Iglesia y luego la Escritura de su fe. Por eso la Iglesia es siempre maestra; tiene el discernimiento para saber cuándo hay algo que atenta contra la fe verdadera. Por eso la Iglesia es la que puede interpretar correctamente las Sagradas Escrituras, porque ellas fueron hechas en su seno.

El Magisterio son todos los obispos junto con el Obispo de Roma, el Papa. Ellos descienden directamente de los Apóstoles y tienen el sentido de la fe, que junto con todo el Pueblo de Dios se llama sensus fidei y sensus fidelium. Las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia son también importantes para los católicos.

Además la doctrina católica valora mucho la Tradición, los escritos de los primeros Padres de la Iglesia, los sucesores de los Apóstoles y otros grandes teólogos que a lo largo de la historia han aportado sus importantes escritos. Toda esta doctrina es una gran riqueza que tiene la Iglesia guardada durante siglos de existencia y todas esta doctrina no choca entre sí, al contrario, se apoya y refuerza. Así cuando leemos la Palabra, tenemos ese gran apoyo eclesial y nuestro Obispo en cada lugar es el responsable de la fe; cualquier duda al respecto podemos acudir a él para resolverla. El Obispo por medio de sus sacerdotes mantiene esta vigilancia de la fe y de la doctrina en su diócesis.

Por todo esto la Iglesia Católica tiene mayor posibilidad de mantenerse unida, de no romperse; mientras que las iglesias protestantes tienen tendencia a dividirse cada vez, porque la interpretación de la Escritura la termina haciendo cada persona a cómo entiende y eso a la larga puede significar fundar un nuevo grupo, con un nuevo nombre, para resaltar ese aspecto preciso de doctrina que ha sido motivo de ruptura con el grupo original de pertenencia.

El poner la Palabra como el único punto de referencia de la fe es en sí mismo una limitación y hasta cierto punto una desviación doctrinal. Han sucedido casos de sectas protestantes que han llegado hasta el suicidio colectivo porque el pastor que interpreta las Escrituras ha llegado a esa conclusión y los fieles lo siguen, y no hay nadie quien pueda intervenir allí porque se basan en su interpretación de la Palabra y no dejan que nadie más se meta.

La Iglesia Católica tiene miles de personas estudiando las Escrituras, la Patrística, la Iglesia, la Liturgia, estudiando a la Virgen. Y todos están en comunión con el Magisterio y al final todo se va purificando y probando para que la doctrina sea siempre correcta, pura y limpia.
 
Los protestantes también tienen personas estudiosas de las Escrituras, pero cada teólogo se convierte en una fuente casi absoluta y muchas veces pueden llegar a doctrinas contrapuestas; no hay autoridad eclesial por encima; sobre todo las iglesias más pequeñas, donde un pastor termina interpretando las Escrituras para un pequeño grupo de personas y queda prácticamente como el único absoluto.

Es un esfuerzo loable pero a la larga es más débil; todo termina dependiendo de una sola persona, y lo que comenzó con la pura gracia, negando hasta cierto punto la densidad de la Iglesia, termina quedando apoyado en una o pocas personas quienes lo interpretan todo, y son una autoridad absoluta para ese pequeño grupo de fieles.


Otro aspecto importante de controversia con los protestantes es el de las imágenes en la Iglesia. Nosotros no adoramos imágenes. La adoración o latría, en latín, es solo para Dios. La veneración o dulía, es para los santos. Para María le llamamos hiperdulía, la má xima veneración que hay en la Iglesia; para San José decimos protodulía, una veneración primera, profunda, siendo el padre putativo de Jesús, Patrono de toda la Iglesia.

Las imágenes que utilizamos no son dioses falsos; son imágenes, que pueden tratarse de Jesús, de María, de los otros santos. El argumento de San Juan Damasceno en el siglo VIII fue que cuando Dios se hizo circunscribible, es decir, cuando pudimos verlo en Jesucristo, tocarlo, abarcarlo con nuestro abrazo, lo pudimos pintar.

Las imágenes son instrumento para la fe; no son falsos dioses. De hecho las imágenes son usadas constantemente por el ser humano. Es algo totalmente inherente a su naturaleza de creatura. Nosotros mismos somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Si todos fuésemos iguales nadie reconocería a nadie. Las mismas palabras escritas están hechas de letras y cada letra es una imagen diferente; la misma Biblia está hecha de palabras, de letras, que son imágenes, si no no pudiésemos leerla ni entenderla. Las palabras habladas son imágenes auditivas, cada cual diferente, sino no pudiésemos entendernos.

La imagen forma parte de la realidad y en la religión se usa como instrumento de devoción e incluso de catequesis, como era antes que la gente casi no sabía leer.

Las imágenes de la Virgen sabemos que son de madera, de yeso, de plástico, de muchos tipos de materiales, pero representan a una persona que vive en Dios y nos ayuda a acercarnos al cielo. Como seres humanos los santos nos ayudan a mediar nuestros sentimientos religiosos. El uso de imágenes es un medio, no un fin en sí mismo.

No significa que eso sea lo más elevado a nivel espiritual, pero es un caminar, un madurar en la fe y en la vida cristiana. Al final sabemos que lo más elevado es el acto de fe en sí mismo, en Dios mismo; en eso estamos de acuerdo con los protestantes; quizás ellos quieren asegurar ese acto de fe y sabemos que muchos católicos tienen menos formación y se apegan a las imágenes, pero estamos formándolos cada día un poco más, ayudándolos a profundizar la fe, a pasar de la simple devoción a una fe más madura y profunda, sin perder la devoción y amor a María, quien es la primera que hizo el acto de fe más auténtico, de la verdadera fe, y quien nos ayuda a hacer nuestro acto de fe, que es una fe común eclesial y personal al mismo tiempo, pero no es una fe individual, rota, que puede prestarse a muchas desviaciones.

Conclusión.
Es bueno profundizar en nuestra fe y religión para poder dar razón de nuestra fe (Cf. 1 Pe 3,15). Entender lo que plantean los hermanos protestantes y reconocer su aporte, pero a la vez ver sus límites y la riqueza de nuestra fe. Poder transmitirles a ellos que sus ideas respecto de nosotros no son reales; que son más bien prejuicios.

Nosotros estamos luchando por lo mismo que ellos luchan, por la fe, la esperanza y la caridad, por la salvación eterna. Tenemos mucho en común. Pero al mismo tiempo pertenecemos a la Iglesia de Cristo, y somos fieles a ella, con todo lo que nos transmite desde su origen hasta hoy, con todas las instituciones que ha ido formando, con sus sacramentos y estructuras.

En la Iglesia de Cristo caben todos, y cada cual tiene su importancia y función; lo mismo la Virgen María y los santos; y tienen su lugar en el culto eclesial y en la religiosidad popular. No somos idólatras; al contrario, el saber integrar a María y los demás santos nos ayuda a amar a Dios más y mejor, a rendirle el culto de adoración que se merece.

La verdadera fe y devoción no es extraña a María, la madre de Jesús, al contrario, fue ella la primera verdadera creyente cristiana y por lo mismo nuestra relación con ella nos va a ayudar adquirir una auténtica fe cristiana, y mientras nuestra fe se parezca e imite más la de María, será más plena, profunda y auténtica. La relación con María no es obstáculo para ser verdaderos cristianos, al contrario, es ayuda y garantía para lograrlo. No podemos ni queremos practicar nuestra fe sin María; no podemos ni queremos ser Iglesia sin María. La fe de María es la fe de la Iglesia.

Tenemos que ayudar a formar y purificar la fe de nuestro pueblo católico, debemos aceptar críticas al respecto, pero saber discernir y trabajar, y no destruir nuestra fe católica simplemente porque alguien nos la cuestiona. En todo caso, aceptando el aporte que cada cristiano pueda hacer, incluyendo los ortodoxos y protestantes, también los católicos darán su aporte y éste será valioso. Quien cumpla con mayor fidelidad lo que viene desde el origen de la Iglesia, la doctrina, la Palabra, y la practique mejor, será al final quien dé la mejor luz para caminar hacia Dios

VII-Las advocaciones marianas


La Virgen María se nos presenta de muchas maneras a lo largo y ancho de la historia y geografía eclesial. Conocemos diversas advocaciones, la Virgen de Coromoto, la Divina Pastora, la Guadalupe, la Chiquinquirá, la Virgen del Valle, etc. Todas tienen una diferente vestidura, postura; algunas están de pie, como la Inmaculada Concepción, la Guadalupe, la Milagrosa; otras sentadas como la la Coromoto, la Divina Pastora. Cada cual tiene diferente color en su vestidura, incluso se presentan en relación a las diversas razas, como asiática, africana, blanca, morena, modelo de inculturación.

Advocare tiene que ver con invocar, llamar, recordar y buscar. Cada una de las advocaciones marianas tiene un nombre y cualidades específicas y quien se adhiere sentimentalmente, devocionalmente a una determinada imagen de la Virgen, lo hace con ese nombre y atuendo precisos, y puede a veces tener dificultades en aceptar otra advocación mariana.

En el fondo es la misma Virgen María, la madre de Jesús, a la que estamos acudiendo e invocamos para que nos acompañe, nos ayude, nos proteja, nos guíe en nuestro caminar.



¿Por qué tantas advocaciones?
Basándonos en la Biblia podemos descubrir el por qué de tantas diferentes advocaciones marianas. Cuando Jesús en la cruz le entrega a Juan su propia madre: He ahí a tu madre… y a María le entrega el discípulo amado como a su propio hijo: He ahí a tu hijo… y al final dice: y desde ese momento el discípulo la recibió en su casa. (Cf. Jn 19,25ss). Esta adopción mutua es un compromiso espiritual eclesial que tanto los discípulos como la madre han cumplido religiosamente desde entonces.

Cuando adoptamos a alguien en nuestro corazón, lo hacemos parecido a nosotros, y hay tantos pueblos, razas, culturas, que cada cual va adoptando a María y le da un aspecto diferente, de acuerdo a su misma cultura.
La Biblia nos muestra que María gozó de mucha estima en la comunidad primitiva; cuando Lucas pone en labios de Isabel: y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? (Lc 1,43). Este título mariológico muestra el respeto, afecto y alta estima que le tenían a María; ya la primera comunidad cristiana adoptó a María como su madre espiritual, la madre de la Iglesia, y transmitió ese amor mariano a todas las generaciones de cristianos, que han mantenido una alta estima y amor a la madre de Jesús hasta hoy.

El capítulo 12 del libro del Apocalipsis nos da una clave adicional, cuando la mujer vestida de sol es perseguida por el dragón, la antigua serpiente, la misma que engañó a Eva y Adán, que trata de destruir a la mujer; esa mujer es la Iglesia y a la vez María; el dragón está despechado porque no pudo vencer a la mujer; ella no cayó en sus redes de pecado, al final elcapítulo 12 termina afirmando: Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. (Ap 12,17).
Lo cual indica que nosotros somos todos hijos de esa mujer; somos hijos de la Iglesia porque guardamos los mandamientos de Dios y mantenemos el testimonio de Jesús, pero somos al mismo tiempo los otros hijos de María; ella nos adoptó y sigue ayudándonos en la lucha contra el dragón infernal y nosotros seguimos amándola y buscándola como nuestra madre espiritual.

La autenticidad de las advocaciones reside en que María está realmente viva; que ella cumple auténticamente el mandamiento de Jesús en la cruz de ser nuestra madre espiritual; lo cual significa una labor real de contacto entre cielo y tierra. Ella coopera con la obra de Dios, con la acción del Espíritu Santo.
Por otra parte, la manera cómo fue adoptada por el discípulo amado, en quien estamos todos nosotros, da también consistencia a las diferentes advocaciones marianas. Cada fiel tiene su manera íntima de relacionarse con María y encontrarse con el misterio divino con su ayuda. En conjunto, se van creando costumbres, tradiciones, características propias de cada advocación, de cada lugar, de cada época, de cada cultura.


Aspecto Antropológico y cultural.
Los pueblos de la tierra nacen desde la misma tierra y van creciendo; entre los diversos pueblos hay relaciones, intercambios de todo tipo; pero al mismo tiempo se mantiene un grado de diferenciación, de identidad local y regional, que determina los símbolos, a los cuales se adhieren esas poblaciones. Una vez que un pueblo adopta una costumbre, o una imagen, o una devoción; ya eso forma parte de su identidad cultural religiosa y se va transmitiendo de generación en generación por medio de las familias, las celebraciones, las experiencias religiosas y espirituales que el pueblo va teniendo a lo largo de su historia.

Esto sucede también en el ámbito del catolicismo, en los pueblos de cultura cristiana católica, que viven una religiosidad popular y la Virgen logra darles una inspiración de fe cristiana católica, manteniéndose dentro de los confines de la Iglesia, aunque a veces, mezclando las creencias con otras creencias que son propias del lugar, de la cultura.

La labor de la Iglesia es el ir purificando la fe; enseñando al pueblo de Dios, llevándolos a una experiencia cristiana cada vez más profunda, pero sin perder el amor a María, sin dejar de estar en comunión afectiva y devocional con ella, dentro de la Iglesia. Esto requiere de una sólida y renovada formación mariológica, que logre formar a los fieles cristianamente y que logre profundizar en el conocimiento de María; ella dentro del misterio de Dios; su relación con Cristo y con la Iglesia; su relación con la Palabra; su camino de fe; su ser discípula y misionera; su ser la primera redimida, y toda la riqueza mariológica que es inagotable, pero que no se divorcia del proceso de conversión cristiano y eclesial, al contrario, que forma parte de él y ayuda a los fieles a realizarlo. 

Una Mariología actualizada es indispensable para lograr esta integración y superar la dicotomía que había entre la Palabra y María, la Fe Cristiana y María, la celebración de la Liturgia y María. Por lo cual muchas personas optaron por descartar a María para poder renovar la fe cristiana; una actitud muy superficial y parecida a la reacción protestante que decidió reducir a María al mínimo pero no logró tampoco llegar a la plenitud de la fe y de la revelación, y por lo tanto a la plenitud de la conversión y eclesialización.

Diversas Advocaciones Marianas.
Se pudiera hacer un estudio de las innumerables advocaciones marianas, clasificándolas por importancia histórica, por su relevancia regional, nacional, local, etc. En realidad vamos a nombrar algunas y explicarlas un poco.

Es importante resaltar que en las diversas advocaciones marianas hay una gran variedad de acontecimientos subyacentes milagrosos e históricos. Unas son apariciones directas de la Virgen, lo cual es un elemento de gran importancia porque es ella misma en persona quien se presenta y dialoga con los videntes; no se trata de un milagro con algo material sino de la presencia misma de María glorificada en contacto con personas humanas, con el pueblo de Dios.

Son verdaderas Mariofanías, apariciones de María en persona, reconocidas y aprobadas por la autoridad eclesial y que es equiparan a las revelaciones privadas. Esto signifca que no es obligatorio de creer para ser católico.

Además existen una cantidad enorme de milagros que apoyan las advocaciones. Como tablas que flotan, imágenes encontradas en el fondo del agua, imágenes que se ponen pesadas, imágenes que brillan, milagros de sanación, etc.
Existen advocaciones marianas que son Patronas Nacionales y pueden representar un hito importante en la historia de esos países. Existen advocaciones que toman relevancia continental y mundial.

Entre las apariciones tenemos la primera en Zaragoza, España, según la tradición, el 02 de enero del año 40, en una columna, al apóstol Santiago mientras la Virgen estaba viva aún, lo cual nos indica que fue una bilocación. Es la Virgen del Pilar. Esta advocación se convirtió en la patrona de España e Hispanoamérica, cuando llegaron los españoles a estas tierras y trajeron la fe cristiana católica.

La segunda aparición de gran relevancia es la Virgen de Guadalupe, que se apareció al indio ahora San Juan Diego en el año 1531. Lo más extraordinario de esta aparición, aparte de que la Virgen en persona se manifestó, fue la tilma de Juan Diego que dejó impresa con su imagen y es venerada en México por millones de fieles. Ella tiene el título de Patrona de México y Filipinas y Emperatriz de América.

En orden cronológico tenemos a la Virgen de Coromoto, quien se apareció en el año 1952 al Cacique Coromoto y su familia en la zona de Guanare y en las montañas entre Portuguesa y Lara, donde los indígenas eran migrantes. También dejó una imagen con su figura, que actualmente se está estudiando nuevamente y se han descubierto detalles extraordinarios como por ejemplo la corona que son plumas indígenas y el cinto en su cabeza tiene unos símbolos indígenas, además de que dentro de su pupila se ve al indio Coromoto. Fue declarada Patrona de Venezuela por el Papa Pío XII el 7 de Octubre de 1944, justamente por ser una aparición en persona viva y no simplemente un milagro particular.

Nuestra Señora se apareció también en Francia, Lourdes a una joven campesina, Bernadette de Soubirous, en el año 1858. Allí ella misma declara: “yo soy la Inmaculada Concepción”, en el idioma local de Bernadette. Allí también surge una fuente de aguas milagrosas que sigue atrayendo personas enfermas e incluso el día del enfermo para la Iglesia es el 11 de Febrero, día de las apariciones de Lourdes, día de celebración eclesial de Nuestra Señora de Lourdes a nivel litúrgico. Esta advocación tiene importancia mundial y ayuda a mantener y promover la fe y la pastoral de los enfermos especialmente en Europa.

En el año 1917 se aparce nuevamente la Virgen María en Fátima, Portugal, a unos niños campesinos, pastores de ovejas; Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto. Allí da una serie de mensajes, muestra lo terrible del infierno e invita a orar por la conversión de los pecadores y reparación de las ofensas a Dios. El 13 de mayo del año 2017 fueron canonizados Jacinta y Francisco, dos niños santos para la Iglesia universal. Esta advocación mariana tiene una relevancia mundial y es lugar de renovación de fe para Europa y para todo el mundo. La devoción al Corazón Inmaculado de María está ligada a esta aparición mariana.

Hay otras apariciones menos conocidas y hay muchísimas otras manifestaciones marianas que han dado lugar a las diferentes advocaciones. Vamos a nombrar algunas para tener una idea de lo que significa en la realidad del pueblo creyente.

Nuestra Señora de Luján, Argentina
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En 1630, el hacendado Antonio Farías Saa, portugués, radicado en Sumampa (Santiago del Estero), quiso tener una imagen en su casa, para construirle una ermita, cuando quisieron cruzar el río, la carreta que llevaba los dos paquetes no pudo ser removida, comprendieron que la Virgen quería quedarse en ese lugar, los vecinos comenzaron a rendirle culto. Pío XI en 1930 la nombró Patrona de Argentina, Paraguay y Uruguay.

Nuestra Señora de Chiquinquirá, Colombia

En el año de 1555, entre los primeros conquistadores, llegó Don Antonio de Santana, con el cargo de encomendero de Boyacá, Colombia. Era muy devoto de la Virgen, por lo cual mandó construir una capilla en su casa. La Virgen se encuentra de pie sobre una media luna. Un rosario le cuelga del dedo meñique de la mano izquierda a la Virgen, y en su mano derecha tiene un cetro que se apoya sobre la rodilla del Niño, que sostiene un pequeño rosario en su manita izquierda y cogido con los dedos pulgar e índice de la derecha un pajarito multicolor, que parece quedar sobre el pecho de la Virgen. La imagen fue venerada en la capilla de Don Antonio, pero en 1565 ya estaba bastante deteriorada y fue arrinconada. Su coronación se hizo el 28 de junio de 1919.

Nuestra Señora La Aparecida, Brasil

Unos pescadores trabajaron todo un día y no lograron pescar nada. Haciendo un último intento, en la red salió un cuerpecito sin cabeza; se lanzó de nuevo la red y pescaron la cabecita.
Era la estatua de la Inmaculada. Después de esto siguieron pescando y recogieron infinidad de peces. Llegados a casa colocaron la estatuilla en un altar improvisado y la llamaron La Virgen Aparecida. Fue coronada el 8 de septiembre de 1904.

Nuestra Señora de La Caridad del Cobre, Cuba

El 1º de abril de 1687 dos indígenas acompañados por un esclavo niño de 10 años, se dirigían a buscar sal en el mar para salar las carnes que ellos vendían; vieron un objeto blanco que flotaba en el mar, se trataba de una escultura de la Virgen María con el niño Jesús en brazos. Flotaba sobre una tablita en la cual se leía: “Yo soy la Virgen de la Caridad”. El 8 de septiembre es el día en que celebra la Iglesia de Cuba la festividad de la Virgen de la Caridad del Cobre. La coronación canónica se llevó a cabo el 20 de diciembre de 1936.

Nuestra Señora de La Providencia, Puerto Rico

Esta advocación tuvo su origen en Italia y se difundió por toda Europa, de España pasó a Puerto Rico. La imagen representa a la Virgen, sentada con el Niño Dios sobre las rodillas; teniendo amorosamente una de sus manos entre las suyas. En 1969, todos los obispos de la isla, fervorosos devotos de la Virgen, pidieron al Papa Paulo VI en nombre del pueblo, que nombrara oficialmente a Nuestra Señora de la Providencia patrona de Puerto Rico y éste dio su consentimiento el 19 de noviembre del mismo año.

Nuestra Señora de Los Ángeles, Costa Rica

La Negrita, la Virgen Mulata, encontrada en una región llamada La Puebla de los Pardos, por la humilde mulata. La Virgen Negrita fue coronada como Reina de los Ángeles, el 25 de abril de 1926, por Monseñor Rafael Otón Castro. Cuatro templos ha levantado la piedad popular a su amada madre hasta llegar a la actual basílica cuyo fundamento fue la piedra donde fue hallada la Virgen Negrita que rompería para siempre la discriminación social.

Nuestra Señora de Suyapa, Honduras

Un sábado del mes de febrero de 1747 fue encontrada, al azar por un humilde labrador cuando se disponía a trabajar en las tierras de las montañas del Pilinguin, en donde cultivaban maíz.

Nuestra Señora del Rosario, Guatemala

En 1529 llegaron los frailes dominicanos a Guatemala. El 1º de noviembre se creó la primera Cofradía del Rosario Se acordó hacer una procesión de la catedral a la iglesia de Santo Domingo, el día de la Anunciación. Todavía no estaba instituida la fiesta del Rosario. La devoción a la Virgen del Rosario se propagó por toda la República. La estatua es de plata, incluyendo vestido y peana, mide 2m. de altura, lleva en sus brazos al niño Jesús dormido. El artista es desconocido, asimismo la fecha en que se inició la obra, pero en diciembre de 1593 ya estaba concluida. La Virgen del Rosario fue proclamada Patrona el 19 de febrero de 1651 en La Antigua, ciudad capital.

La Virgen de Los Treinta y Tres, Uruguay

Uruguay es tierra de libertad, gracias a la presencia de María en el largo y difícil procesode liberación. Instalaron un gobierno provisorio y fueron a la Iglesia de los jesuitas para implorar de la Virgen ayuda y protección, en tan ardua tarea de liberación. El 25 de agosto de 1825 la asamblea, presidida por el Sacerdote Juan Francisco Larrobla, declaró y proclamó la Independencia Nacional. La Virgen es pequeña, mide 36 cm. Tallada de madera, con ángeles y la media luna a sus pies. Es de procedencia paraguaya, fue labrada en madera hacia el año de 1756 por manos indígenas. Su festividad se celebra el segundo domingo de noviembre con una peregrinación nacional.

La Inmaculada Concepción, Estados Unidos

El 28 de mayo de 1792, el Ilustrísimo John Carroll, el primer Obispo Norteamericano, seleccionó a la Virgen María como la Patrona de la Diócesis de Baltimore, la cual en aquel momento comprendía todos los Estados Unidos. El 13 de mayo de 1846, diecinueve obispos se reunieron en Baltimore y le pidieron a la Santa Sede que proclamara a la Virgen María como Patrona de los Estados Unidos de Norteamérica bajo el nombre de la Inmaculada Concepción.
Dicha solicitud fue aprobada en 1847 por el Papa Pío IX, antes de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción en 1854.

Nuestra Señora del Cabo, Canadá

El Santuario Mariano más importante de Canadá es el de Nuestra Señora del Cabo o Nuestra Señora del Santo Rosario. Su Santuario se encuentra en el Río San Lorenzo en la ciudad de Cap de la Madeleine (Quebec), desde 1694. La imagen de la Virgen ha sido venerada desde 1854 cuando fuera donada al Santuario por Zepherin Dorval. La imagen es básicamente una representación de la Inmaculada Concepción con el corazón en su parte superior. El 12 de octubre de 1904, la imagen de Nuestra Señora del Santo Rosario del Cabo fue coronada canónicamente por el Papa Pío X.

Nuestra Señora de Los Milagros de Caacupé, Paraguay

La Virgen de los Milagros de Caacupé es la Inmaculada. Es una imagen de bulto, tallada en madera, de rostro ovalado, ojos azules, pelo dorado; su túnica es blanca y el manto azul, tiene las manos juntas apoyadas sobre el pecho. Su historia narra que un indígena guaraní perseguido por otros indígenas que iban a darle muerte se escondió detrás de un tronco de árbol, y prometió a la Virgen de la Inmaculada, venerada por los misioneros franciscanos, que le haría una reproducción en la madera del mismo tronco. La fiesta de la Virgen de los Milagros de Caacupé se celebra el día 8 de diciembre.

Virgen de La Paz, San Miguel, El Salvador

En la catedral de San Miguel en el Salvador se venera la Virgen de la Paz. No es conocido su origen. Algunos relatos pueblerinos narran que unos mercaderes encontraron una caja de madera en las riberas del Pacífico, arrojada quizá por las aguas. Por fin llegaron a la ciudad el 21 de noviembre de 1682. Querían acudir a la autoridad civil para enterarla del hallazgo, pero el burro se paró en la plaza principal, precisamente frente a la antigua iglesia parroquial donde está actualmente la catedral. En base a este acontecimiento los lugareños comenzaron a venerar a la Virgen, bajo la advocación de la Virgen de la Paz, Patrona de los habitantes de la Perla Oriental. La imagen fue coronada el 21 de noviembre de 1921.

La Virgen de Copacabana, Bolivia

Francisco Tito Yupanqui, descendiente Inca, desde niño mostró gran amor a la Virgen y deseaba que la Virgen de la Candelaria ocupara el mejor sitio de la Capilla de Copacabana y una cofradía para honrarla, logró hacer una imagen de la Virgen en arcilla y fue colocada a un lado del altar, después de tres meses de retocado y corrección, la imagen quedó terminada y resultó que la imagen además de ser hermosa, inspiraba devoción. Esta historia es parte de la tradición de los quechuas y aymaras. La fiesta litúrgica mariana la celebran el 2 de febrero, día de la Candelaria de Copacabana. El 15 de abril de 1605 tuvo lugar la coronación pontificia de la imagen.

La Virgen del Carmen, Maipú, Chile

Cuando la lucha por la independencia, J. F. de San Martín (1817) proclamó a la Virgen del Carmen Patrona del Ejército Libertador de Los Andes y le entregó su bastón de mando. Este santuario recuerda la historia de la patria y la de Jesús, Señor de la historia y de su acción constante para que todos los pueblos latinoamericanos se unan en un solo pueblo como dignos hijos del Padre.

Santa María La Antigua, Panamá

Es una pintura mural aproximadamente del año 1400. Presenta un ángel que le sirve de peana y otros dos que le están ciñendo una corona imperial. Se la considera copia de un original desconocido de la escuela Italo-Bizantina. Se pintó en un muro de la Mezquita de Sevilla (España), al convertirse en Catedral Antigua de Sevilla.
Al edificarse la Catedral actual, terminada en 1587, dicho muro fue trasladado allí. La imagen es de una estatura mayor que la normal. Lleva un manto blanco guarnecido de oro; con la mano derecha muestra una rosa, y con el brazo izquierdo sostiene al Niño Jesús que está en ademán de bendecir con la diestra, mientras que con la otra mano ampara a un pajarillo. Desde tiempos remotos la devoción a Santa María La Antigua ha sido general en España. El 15 de Agosto de 1996 se entroniza oficialmente la efigie en alto relieve de Santa María.

Nuestra Señora de La Inmaculada Concepción del Viejo
, Patrona de Nicaragua
Muy cerca de la costa del Pacífico, en el Departamento de Chinandega, se encuentra el pequeño poblado de “El Viejo”, que se formó alrededor de una misión franciscana de los primeros tiempos coloniales. En este pueblo del extremo occidental de Nicaragua se encuentra el Santuario de Nuestra Señora bajo el título de la Inmaculada Concepción de El Viejo; la Virgen se quedó en el corazón de Nicaragua para siempre. Su fiesta es el 08 de diciembre.

Nuestra Señora del Quinche, Ecuador

La Virgen María ha sido la evangelizadora de todos los pueblos del Ecuador. Su historia religiosa y los innumerables santuarios esparcidos a lo largo y ancho del país, testifican esta verdad. Con ocasión del IV Congreso Nacional Mariano, recibieron un homenaje especial las imágenes de la Virgen María en su advocación del Quinche y del Cisne.
En 1586, el escultor español Diego de Robles; regaló esta escultura a los indígenas Oyacochi, quienes le construyeron una iglesia de madera del bosque. Su devoción se extendió por todas partes. Su fiesta se determinó para el 21 de noviembre, fiesta de la presentación de María.
La coronación de Nuestra Señora de la Presentación del Quinche, Patrona de los ecuatorianos, se hizo en 1943 en Quito, con gran solemnidad.

Conclusión:
La Virgen se ha inculturado en todos los pueblos de la tierra; ella entra a formar parte de la cultura de esos pueblos; de sus sentimientos y valores, de sus esperanzas y ruegos, de su búsqueda espiritual y religiosa. La fe se ha hecho cultura pero también con la presencia de María, y podemos ver cumplida la profecía que ella misma anuncia en el Magníficat que nos trae el Evangelio de San Lucas: desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el poderoso ha hecho obras grandes en mí… (Cf. Lc 1,48-49).