V-Los dogmas marianos

La Iglesia ha decretado verdades marianas en forma de dogmas, al mismo tiempo mantiene su fe en verdades marianas que son evidentes y no se han declarado como dogmas.
También hay otras verdades marianas que se han expresado en documentos eclesiales pero sin llegar a ser dogmas y además hay otras verdades marianas que están en discusión, que están en etapa de aclararse, aunque esta etapa sea de siglos.

Los cuatro dogmas marianos son
  • -María Madre de Dios (Theotokos) decretado en el concilio de Éfeso, año 431.
  • -María siempre virgen, decretado en el concilio lateranense, año 649.
  • -La Inmaculada Concepción de María, decretado como dogma por el Papa Pío IX el 8 de iciembre de 1854 tras hacer una consulta a todos los obispos de la Iglesia con una respuesta de aoyo de casi la totalidad de ellos.
  • -La Asunción de María fue decretado como dogma el 1 de noviembre de 1950 por el Papa Pío XII tras consulta a todos los obispos de la Iglesia.
Desde hace varios siglos se ha hablado de otras verdades marianas como son la Mediación de María, la Maternidad Espiritual de María, la Realeza de María, la Corredención de María; además hay otros aspectos relacionados a María y que tienen que ver con la fe como es el caso de las apariciones marianas, las diversas devociones marianas, la religiosidad popular mariana; y todas las cualidades o alabanzas que se hacen de María en las letanías del Rosario, como por ejemplo decir Rosa Mística, Torre de David, Torre de Marfil, Arca de la Nueva Alianza, etc., que son verdades relacionadas a María, no llegan a ser declaraciones dogmáticas pero se viven con mucha fe y devoción por parte del pueblo de Dios, ya sea en la liturgia como en las devociones particulares.

La MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA
Decretada en el Concilio de Éfeso, año 431, ras la discusión con el obispo de Antioquía Nestorio, quien decía que no se podía llamar heotokos, Madre de Dios, sino más bien Cristotokos, es decir, madre de Cristo. El argumento eológico fue más o menos de esta manera: El Verbo, generado del Padre, ha nacido de una ujer, no en el sentido de que su naturaleza divina tuvo su origen en el vientre de María, sino que abiendo unido a sí mismo la naturaleza humana por una unión hipostática, nació de una mujer.

De esta manera se le puede y debe decir a María Theotokos, para expresar claramente la ealidad de Cristo, para comprenderla mejor, para entender que ese Verbo es realmente Dios pero l mismo tiempo es realmente hombre, sin confusión ni separación de naturalezas; esa unión se da en el útero de María y de ella por lo tanto nace el Mesías, quien es verdadero Dios y verdadero hombre. Ella no es simplemente la paridora de Dios como si el Verbo pasase sin involucrarla, sino que ella es realmente la madre del Verbo encarnado, que se hizo hombre de verdad, pero que ese hombre es Jesús, el hijo de María. El fruto bendito del vientre de María es el Verbo de Dios, a Palabra hecha carne, es Dios mismo. María es Madre de Dios, Theotokos.

La declaración dogmática de Éfeso dice: “Si Alguno no confiesa que el Emmanuel es Dios en erdad y que por esta razón la Santa Virgen es Madre de Dios (porque ella engendró realmente al Verbo de Dios hecho carne), sea anatema”.

Aspecto Bíblico.
En la Biblia encontramos varias citas que apuntan a esta realidad mariana. El evangelio de Mateo nos dice refiriéndose a la reacción de José ante el embarazo de María: Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: = Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emanuel, = que traducido significa: «Dios con nosotros.» (Mt 1,20-23), lo cual indica que ese ijo de María viene de Dios y no viene por intervención de varón, puesto que José era el rometido de María y él no tuvo que ver en eso. Al final Mateo resalta que se está cumpliendo la rofecía del Emmanuel, Dios con nosotros; Dios ha llegado; Jesús es Dios; la madre de Jesús es adre de Dios.

Lucas relata la anunciación del ángel a María (Cf. Lc 1,26-38), donde se establece un diálogo entre ella y el ángel, éste le dice que concebirá un hijo que será llamado Hijo del Altísimo (Lc 1,32), como sabemos, en la Biblia el nombre significa lo que en realidad es la persona que lo lleva; Lucas está indicando que Jesús es verdaderamente Hijo del Altísimo, Hijo de Dios; María por lo tanto es la madre del Hijo de Dios. Ella sigue dialogando y preguntando cómo puede ser eso posible, puesto que no conoce varón, no está en relaciones carnales con ningún hombre y el ángel le explica la manera cómo va a suceder, por la acción del Espíritu Santo, que cubrirá a María con su sombra y por eso lo que nacerá de ella será santo y será llamado Hijo de Dios (Lc 1,35). Lo que nace de María es el Hijo de Dios; es Dios mismo, por lo tanto María es Madre de Dios (paridora de Dios, Theotokos).

La naturaleza humana del Hijo de Dios viene de María y de nadie más; la naturaleza divina de Jesús viene de Dios y de nadie más, pero la persona de Jesús nace en nuestra historia desde María, y ella es plenamente su madre. Ella seguirá siendo eternamente su madre, como Lucas afirma: El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» (Lc 1,32-33) El niño que dará a luz María reinará eternamente, su reino no tendrá fin; es Señor para siempre, porque así lo quiso Dios Padre, y María es su madre para siempre, la Madre de Cristo, que es Dios, por lo tanto la madre de Dios.

En la época de la Iglesia primitiva, cuando se escribieron los evangelios, ya María tenía una particular relevancia; encontramos un título especial dado a María, que representa una reflexión teológica del pueblo creyente y al mismo tiempo una elaboración escrita de parte del evangelista; en boca de Isabel, Lucas pone el hermoso título de María: la madre de mi Señor; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? (Lc 1,43). Esta expresión nos indica que en aquella época se le llamaba así a María, con respeto y admiración, además con gran alegría de parte de esas personas que pudiesen recibir la visita de María a sus hogares. María es madre de la cabeza (Cristo) y madre espiritual de su cuerpo místico, que es la Iglesia.

MARÍA SIEMPRE VIRGEN
Quiere decir que María, la madre de Jesús fue virgen antes del parto, en el parto y para siempre después del parto.

Aspecto Bíblico
La Biblia enfatiza la virginidad de María; el evangelio de Mateo expresamente recuerda la profecía de Isaías 7,14: He aquí que una doncella (joven virgen) va a concebir y dará a luz un hijo a quien le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros. (Cf Mt 1,23).

La virginidad de María fue profecía esperada por el pueblo de Israel y al mismo tiempo requisito para que ese Hijo fuese realmente el Hijo de Dios y no el hijo de cualquier hombre.

Lucas en su evangelio insiste también en este aspecto: Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. (Lc 1,26-27) y más adelante en el relato de la anunciación la misma María pregunta: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» (Lc 1,34) y el ángel le explica: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. (Lc 1,35). Lucas enfatiza claramente la virginidad integral de María, requisito indispensable para la encarnación del Verbo y por lo tanto para que Jesucristo tenga naturaleza divina y en consecuencia para que haya podido redimirnos del mal. Si no hubiese sido Dios no hubiese podido redimirnos y si un hubiese sido hombre tampoco, ambas cosas son inseparables, y María entra plenamente en este misterio, ella es la verdadera madre humana, que le hace humano al Verbo eterno, y a la vez es virgen, que garantiza el origen divino de Jesús.

La Tradición
Desde el principio la Iglesia mantuvo la perpetua virginidad de María, la cual se afirmó en varias ocasiones en concilios ecuménicos, con un valor dogmático. San Ignacio de Antioquía (+ c. 110) utiliza la formula paulina de una manera más precisa diciendo: “Nacido verdaderamente de una virgen” (Smirn. 1), para rebatir a los gnósticos de su tiempo quienes afirmaban que Jesús había venido como el agua por el canal, que era María, y no había tomado nada de ella. Quedaron ocultos al príncipe de este mundo la virginidad de María, su parto, así como la muerte del Señor; tres clamorosos misterios que ocurrieron en el silencio de Dios” (Efes.19).

San Justino, mártir (+ c. 165) defiende la naturaleza humana de Cristo no la divina como hizo Ignacio respecto de los gnósticos sino respecto de los judíos y paganos; se refiere en su apología a la profecía de Isaías 7,14, y llega afirmar: “Nadie fuera de nuestro Señor Jesucristo ha sido generado de virgen”; al mismo tiempo rechaza cualquier sentido erótico de este nacimiento de la virgen, como lo hacían los mitos paganos.

San Ireneo de Lyon (+ 202) también habla de la virginidad de María para defender la divinidad de Cristo; si hubiese nacido por semen de varón él sería un hombre cualquiera y no hubiese podido redimirnos del pecado, y habla de la recapitulación, donde la virgen Eva cae por su incredulidad, la Virgen María recupera por su fe. Además Ireneo plantea la cuestión de la virginidad durante el parto.

Definición Dogmática
El concilio de Constantinopla II (553) introduce la referencia de la virginidad perpetua de María: “Tomó carne de la gloriosa Theotokos y siempre virgen María”. El Papa Martín I convoca el concilio Lateranense (649) donde en el tercer canon del concilio se afirma en forma dogmática la perpetua virginidad de María: “Si alguno no confiesa, según los santos padres, que la santa y siempre virgen e inmaculada María sea en sentido propio y según verdad madre de Dios, en cuanto propiamente y verdaderamente ha concebido del Espíritu Santo, sin semen, y ha dado a luz, sin corrupción, permaneciendo aún después del parto su indisoluble virginidad, al mismo Dios Verbo, nacido del Padre antes de todos los siglos, sea anatema”.
Este concilio aunque no fue ecuménico, de toda la Iglesia, sin embargo después el Papa Martín I envió cartas a todas las iglesias de Oriente y Occidente, para que todos los fieles cristianos aceptasen estas verdades piadosas de la recta doctrina. Es considerado por lo tanto como un dogma mariano para la Iglesia universal

La INMACULADA CONCEPCIÓN de María 
Quiere decir que la Virgen María en el momento de la unión de las dos células que la formaron, la de su padre y a de su madre, el primer instante de su concepción, ella quedó limpia de pecado original. Además María nunca cometió pecado durante toda su vida. Ella fue preservada del pecado original por ser la elegida para madre del Verbo de Dios hecho hombre, Jesucristo, por obra y gracia del Espíritu Santo

Aspecto Bíblico
En realidad no podemos decir que este dogma está afirmado en la Biblia directamente; sin embargo hay varios indicios que apuntan a él. Cuando el ángel llama a María kejaritomene, la que ha sido favorecida, la que ha recibido la gracia (jaris) la llena de gracia por parte de Dios, y sigue: bendita entre todas las mujeres (eulogemene tu en ginaien) el evangelista Lucas está indicando un aspecto de suma importancia y que representó ya una reflexión teológica de los primeros cristianos. María recibió gracias especialísimas que le hicieron tener una posición particularísima entre todas las mujeres de la tierra. El evangelista Juan llama a Cristo: Lleno de gracia y de verdad, pleros jaritos kai aleteia. (Cf. Jn 1,14). La caridad que pertenece a Cristo por naturaleza, es dada a María por gracia, la altamente favorecida por Dios lo ha sido desde antes que el ángel anunciara a María; la Biblia no dice desde cuándo pero indica que ella recibió una gracia especial, una plenitud de gracia que la preparó para el momento que iba a encarnar el Verbo de Dios.

Historia de la Doctrina
El sentimiento de la Iglesia desde el comienzo fue de un gran respeto hacia María, envuelta en el misterio de su Hijo. La percepción de la santidad de María estuvo siempre en el corazón del pueblo cristiano. Desde Oriente se fue transmitiendo a Occidente la doctrina de la santidad de María, la toda santa, Panagia, y al mismo tiempo su celebración litúrgica.

Podemos encontrar la referencia a la santidad de María e incluso a su ser inmaculada en diversas homilías de los padres de la Iglesia. Teotecno de Livia (en Palestina) vivió entre el final del siglo VI y el comienzo del VII, y afirma en uno de sus sermones: “De hecho, después de la resurrección de los muertos, … él, reunió por medio de la nube a todos sus santos discípulos y apóstoles en torno a la Inmaculada, a la que no conoció el matrimonio, la casta.
Ella nace pura e inmaculada como los querubines, ella que es de una arcilla pura e inmaculada.”

Antioco, monje de San Saba, hacia el año 620 en una de sus homilías afirma: Del tiempo en que nuestro Señor Jesucristo Hijo de Dios, por su bondad hacia nosotros se dignó de aparecer en el mundo naciendo de la santa e inmaculada Madre de Dios y siempre virgen María. Sofronio de Jerusalén (+ 638) afirma: “El Espíritu Santo desciende sobre ti, que eres la Inmaculada, para hacerte más pura y darte la virtud de la fecundidad.” Con lo cual asume que ya María era santa antes de la encarnación del Verbo en ella, pero que recibe más gracias de Dios para poderse realizar el plan de Dios. Y para el martes santo, Andrés de Creta tiene una oración especial utilizada en la liturgia: “Por la oración, oh Salvador, de tu madre Inmaculada y de tus apóstoles, envía más abundantemente tu misericordia y da a tu pueblo la paz.

El franciscano Duns Scoto (+ 1308) reasume la redención preservativa de Anselmo. Así Scoto plantea que la inmaculada concepción de María no es una excepción a la redención universal de Cristo sino que es un caso de perfecta y mayor eficacia salvífica del único Mediador; María fue redimida al ser concebida. Después del argumento de Scoto, los franciscanos siguieron defendiendo la Inmaculada y las universidades aceptaron la doctrina de la Inmaculada Concepción de María y siguiendo el ejemplo de la Sorbona de París (1496) se empeñaron con juramento a defenderla

EL Papa Pío IX hace un sondeo con la encíclica Ubi primum (1849) y el resultado es casi absoluto a favor; de 603 obispos 546 están a favor de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de María.

Declaración dogmática.
Finalmente el 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX pronuncia la fórmula de la definición dogmática cerrando una larga controversia teológica. “Declaramos, pronunciamos y definimos, que la doctrina por la cual se dice que la beatísima virgen María en el primer instante de su concepción, por gracia singular y privilegio de Dios Omnipotente y en vista a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, ha sido preservada inmune de toda mancha de la culpa original, es revelada por Dios y por lo tanto debe creerse firme y constantemente por todos los fieles”.

Conclusión
A pesar de haber sido un decreto papal para definir este dogma, sin embargo se percibe que ha sido la Iglesia toda, a lo largo de siglos, y milenios, que ha ido madurando la doctrina. La definición dogmática en este sentido atañe a toda la Iglesia, y el Papa ha recogido el sentimiento doctrinal del pueblo de Dios a través de sus obispos. la doctrina de la Inmaculada es revelada por Dios en el corazón de la Iglesia y el magisterio ratifica y aclara dicha doctrina. La Virgen María, desde el instante de su concepción, ha sido preservada del pecado por los méritos de su Hijo Jesucristo el Redentor de la humanidad, y ella jamás cometió pecado en su vida; siempre se mantuvo en la gracia de Dios, y esta acción de Dios marca la historia de la salvación; es una intervención de su gracia para llevar a cabo su plan salvífico. María acepta ese plan y participa de todo corazón en él. Desde su ser Inmaculada, María sigue presente en la Iglesia, luchando por la salvación de todos sus hijos. María es signo de la Iglesia Inmaculada redimida por Cristo.

La ASUNCIÓN DE MARÍA a los cielos en cuerpo y alma 
Es el último de los dogmas decretados por la Iglesia, en 1950, por el Papa Pío XII

Breve Historia
Los escritos apócrifos, que proliferaron desde el siglo II, y no fueron aceptados dentro del canon de la Biblia, hablan de la asunción de María. Muchos textos nos han llegado de los primeros siglos en griego, siríaco, copto, armenio, unos sesenta por lo menos, todos ellos tienen en común el tema general del fin de la vida de María, su pasaje (Transitus) o dormición y su asunción al cielo.
El primer padre de la Iglesia que plantea la cuestión del fin terrenal de María es Epifanio de Salamina en su escrito Panarion (377). En el siglo VI la situación cambia porque encontramos una clara alusión de la Asunción de María en el obispo Teokteno de Livia; en la cual invita a celebrar “la fiesta de las fiestas, la Asunción de la Siempre Virgen”, y afirma explícitamente que así como Enoc “fue asunto de este mundo porque a Dios le plugo, y no vio la muerte, a mayor razón Dios asume a María en cuerpo y alma al paraíso de las delicias.”

En Occidente el primer testimonio lo tenemos en Gregorio de Tours (+ 594), quien afirma que Cristo vino a buscar el alma de María, y luego, después que los apóstoles la habían puesto en el sepulcro, “Por segunda vez el Señor se presentó a ellos, ordenó que el santo cuerpo fuese tomado y llevado al paraíso sobre una nube. Habiéndose unido con su alma, exulta ahora junto con los elegidos y goza del bien eterno que no tiene fin.”

El Papa Sergio I (687-701), que era de Siria, decreta que las fiestas de la Natividad, de la Anunciación, de la Purificación y de la Asunción de María se celebren con una procesión solemne hasta la Basílica de Santa María la Mayor, lo cual implica que estas fiestas ya estaban presentes allí. A finales del siglo VIII era una de las poquísimas fiestas que tenían una vigilia con ayuno; el Papa León IV (+ 855) le añadió la octava y en 863 el Papa Nicolás I la equiparó a la Navidad, Pascua y Pentecostés.

Significado Teológico del Dogma
Esta verdad dogmática mariana, la Asunción de María, significa que ella fue asunta al cielo en cuerpo y alma glorificados. María fue asumida por Dios en su Reino celestial, ella vive para siempre en la eternidad junto con su Hijo en el Reino del Padre Eterno.
María resucitada goza de la plenitud de la vida y de la libertad; ella puede actuar de muchas maneras e interactuar con los seres humanos. Ella sigue realizando su labor en la historia de la salvación de diversas maneras, sobre todo intercediendo por nosotros, orando, animándonos al camino de la fe y protegiéndonos en ese caminar.

Aspecto Bíblico
Como el dogma de la Inmaculada, este dogma no tiene un asidero bíblico evidente, lo cual es parte de las críticas que le hacen los protestantes. Sin embargo hay una serie de pasajes bíblicos donde se puede percibir lo que implica la asunción de María>
El Antiguo Testamento nos habla de la ascensión al cielo de Elías: Iban caminando mientras hablaban, cuando un carro de fuego con caballos de fuego se interpuso entre ellos; y Elías subió al cielo en el torbellino. (2 Re 2,11) Lo cual indica algo especial que recibió el profeta por su grandeza de espíritu. La madre de Jesús, también fue arrebatada al cielo, dada su especial situación, y más que Elías, ella siempre estuvo con Jesús y seguirá estando con Él eternamente.

San Pablo en su primera carta a los Tesalonicenses habla del misterio al cual seremos atraídos por Dios: El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. (1 Te 4,16-17) Esto lo decía pensando que la segunda venida del Señor era bastante inminente, e indica que de alguna u otra manera seremos elevados al Señor para estar con Él eternamente. Hay que notar aquí que Pablo habla de resurrección de los muertos en primera instancia, y luego de los vivos que serán arrebatados, lo cual indica que esta asunción será en cuerpo y alma, y no solamente en forma espiritual. En la Virgen María ya ha comenzado esta asunción, debido a su especial realidaddentro de la historia de la salvación.

El libro del Apocalipsis en su capítulo 12 nos habla de una mujer en el cielo, vestida de sol; la tradición cristiana ha interpretado esta mujer en dos vertientes; una como figura de la Iglesia y la otra como figura de María. Ambas interpretaciones caben en este capítulo del Apocalipsis. Cuando en la Biblia se habla del aspecto cósmico, como es el caso de la mujer vestida de sol, con la luna a sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza (Ap 12,1) quiere indicar que esa persona o congregación está ubicada con Dios, en el cielo; está formando parte del ámbito divino.

Proclamación Dogmática
El día 1º de noviembre de 1950 el Papa Pío XII proclama solemnemente en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, la Asunción de María al cielo. Esta declaración va precedida de una encuesta universal a los obispos y ya en el Concilio Vaticano I 204 padres conciliares habían propuesto definir el dogma.
La constitución apostólica termina afirmando la verdad mariana como dogma con su anatema en caso de no ser creído. “Nos, afirmamos y definimos como dogma revelado por Dios que: La Inmaculada Madre de Dios, María siempre Virgen, después de cumplir su vida terrenal fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celeste. En consecuencia, si alguien, que a Dios no le agradará, osara voluntariamente poner en duda lo que ha sido definido por Nos, que lo sepa, que ha abandonado totalmente la fe divina y católica.”

OTRAS VERDADES MARIANAS
El Concilio Vaticano II expresó de forma ordenada y sistemática la doctrina sobre María en relación al misterio de la salvación, su pertenencia a la Iglesia como miembro eminente y representativo. No decretó ningún otro dogma de fe; confirmó los anteriores e incluyó algunas otras verdades marianas como la mediación, la intercesión, la cooperación a la obra de la redención y su asociación maternal a la salvación. No utilizó términos en discusión como el de Corredentora para mantener el diálogo abierto con el mundo protestante y ortodoxo y a la espera de ulteriores profundizaciones, sobre todo en el aspecto pneumatológico, soteriológico, escatológico y eclesiológico.
 
El Concilio Vaticano II definió las verdades marianas de una manera amplia, aunque no decretó ningún otro dogma mariano, sin embargo expresó de forma ordenada y sistemática prácticamente toda la doctrina católica sobre María; su relación al misterio de la salvación, su pertenencia a la Iglesia como miembro eminente y representativo, incluyendo verdades que no han sido decretadas como dogmas y que de alguna manera están en discusión. No utilizó términos en discusión como el de Corredentora para mantener el diálogo abierto con el mundo protestante y ortodoxo y a la espera de ulteriores profundizaciones, sobre todo en el aspecto pneumatológico, soteriológico, escatológico y eclesiológico.

Así nos dice el Concilio: “la santa madre del Divino Redentor, y singularmente más que los demás, la generosa asociada y humilde servidora del Señor”… “Es por esto que la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia bajo los títulos de Abogada, Socorro, Auxiliadora, Mediadora, sin embargo todo esto de manera que no quite ni ponga nada a la eficacia de Cristo, el único Mediador”. (Cf. LG, 62).

Todo esto apunta hacia mayores profundizaciones de las verdades marianas de parte de la Iglesia; es una tarea que hay que seguir cumpliendo con honestidad. Sobre todo dentro del misterio de la asociación de María a Cristo redentor en su obra están encerradas verdades esenciales que son útiles y necesarias para el pueblo de Dios en la medida que avanza en su realidad escatológica.
El Vaticano concluye que la Virgen María no es «corredentora»: Sepa lo que significa
noviembre 4, 2025
Fuente: Sumarium/ Karina Villarreal

Tras una larga pugna entre teólogos, finalmente el Dicasterio de la Doctrina de la Fe del Vaticano concluyó que la Virgen María no puede ser considerada «corredentora» y que, por lo tanto, no puede compartir con Jesús la potestad de salvar a la humanidad del pecado. De esta manera, no se proclamará un nuevo dogma relativo a la madre de Jesucristo como había sido solicitado.

Al respecto, la nota doctrinal, titulada «Mater populi fidelis», firmada por el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, repasa los diferentes títulos con los que los católicos pueden referirse a la Virgen María y los que se consideran inadecuados.

En ese sentido, la Doctrina es enfática en que aunque algunos papas los han usado, es siempre inoportuno el uso de la expresión «corredentora» para «definir la cooperación de María».
«Este título corre el riesgo de oscurecer la única mediación salvífica de Cristo y, por tanto, puede generar confusión y un desequilibrio en la armonía de verdades de la fe cristiana», indica la nota-

Y argumenta que cuando dicho titulo fue mencionado por algunos Sumos Pontífices, como Juan Pablo II, lo hicieron «sin detenerse demasiado a explicarlo.

«Generalmente, lo han presentado de dos maneras precisas: en relación con la maternidad divina, en cuanto María como madre ha hecho posible la Redención realizada en Cristo; o bien en referencia a su unión con Cristo junto a la cruz redentora«, explica.
Y sigue: «El Concilio Vaticano II había decidido no utilizar este título por razones dogmáticas, pastorales y ecuménicas». San Juan Pablo II lo utilizó, al menos en siete ocasiones, relacionándolo especialmente con el valor salvífico de nuestro dolor ofrecido junto al de Cristo, al cual se une María sobre todo en la cruz».

La nota también cita una discusión interna en el seno de la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe, que en febrero de 1996 debatió la petición de proclamar un nuevo dogma sobre María «Corredentora o Mediadora de todas las gracias».

Ahora bien, la opinión de Joseph Alois Ratzinger en ese momento fue contraria: «El significado preciso de los títulos no es claro y la doctrina en ellos contenida no está madura. Sin embargo, no se ve de un modo claro cómo la doctrina expresada en los títulos esté presente en la Escritura y en la tradición apostólica», argumentó Ratzinger quien años después e convertiría en papa.

La nota doctrinal también recuerda que en 2002, Ratzinger también se había expresado públicamente en el mismo sentido, diciendo que «la fórmula ‘Corredentora’ se aleja demasiado del lenguaje de las Escrituras y de la patrística y, por tanto, provoca malentendidos. Todo procede de Él, como dicen sobre todo las epístolas a los Efesios y a los Colosenses. María es lo que es gracias a Él. La palabra ‘Corredentora’ ensombrecería ese origen».

El entonces cardenal Ratzinger, según lo aclara la nota, no negó que hubiera buenas intenciones y aspectos valiosos en la propuesta de usar este título, pero era «un vocablo erróneo».

De igual manera, el papa Francisco expresó reiteradamente su oposición al uso del título de «corredentora» para la Virgen María.

Pero más allá del titulo mencionado, la conclusión del Dicasterio de la Doctrina de la Fe del Vaticano es que tampoco es correcto referirse a la madre de Cristo como «mediadora» para alcanzar la salvación, ya que Jesús es el único mediador.

No obstante, la nota doctrinal reconoce el uso extendido de la palabra «mediación» como sinónimo de cooperación, ayuda o intercesión. Además, también reconoce un papel de «mediación» de María «como «para hacer posible la verdadera encarnación del Hijo de Dios en nuestra humanidad».

En cambio, títulos como Madre de los Creyentes, Madre Espiritual, Madre del Pueblo Fiel sí son aceptables según la nota doctrinal.