Aarón, hermano de Moisés



Aarón (אַהֲרֹן, en hebreo "maestro" o "excelso", y este acaso ligado al antiguo egipcio Aha Rw, "león guerrero") (n. Antiguo Egipto, finales del siglo XIV a. C.) fue el hermano mayor de Moisés y el hermano menor de Míriam, miembro y sacerdote levita, y primer Sumo sacerdote de Israel que vivió durante el siglo XIII a. C.

¿Quién fue Aarón para Dios?
Para Dios, Aarón fue su portavoz y el primer sumo sacerdote del pueblo de Israel.

El Portavoz de Moisés
Dios eligió a Aarón para que hablara en lugar de su hermano Moisés ante el faraón en Egipto. Dios le dijo a Moisés que Aarón sería "su boca" y él sería como "Dios" para Aarón al transmitirle los mensajes divinos.

El Primer Sumo Sacerdote
Dios consagró a Aarón como el líder del culto sagrado y de los rituales.
Estableció que el cargo de sumo sacerdote fuera hereditario exclusivamente para los descendientes de Aarón dentro de la tribu de Leví.
Su labor principal era ofrecer sacrificios y mediar espiritualmente entre Dios y la comunidad de Israel.

Biografía
Aarón es bien conocido por su papel en el éxodo y por ser el primero del sacerdocio levítico o aarónico. Nació en una familia de levitas durante la esclavitud de Israel en Egipto y fue el hermano mayor de Moisés, tres años mayor que él (Éxodo 7:7). Por primea vez se nos presenta a Aarón en Éxodo 4, cuando Dios le dice a Moisés que Él enviaría a Aarón con él para liberar a los israelitas del faraón.

Los israelitas permanecieron en Egipto después que José y su generación murió, y llegaron a ser muy numerosos. Un nuevo Faraón temía que los israelitas se levantaran contra los egipcios, por lo que puso comisarios de tributos sobre ellos y promulgaron leyes severas (Éxodo 1:8-14). También ordenó que las parteras hebreas mataran a todos los bebés varones tan pronto como nacieran. Cuando las parteras se negaron, faraón ordenó a todo el pueblo hebreo que echaran al río Nilo a los bebés hebreos de sexo masculino. Estas leyes habían sido promulgadas en el momento en que Moisés nació. Probablemente, Aarón nació antes de estas leyes, o escapó de la muerte porque las parteras temieron a Dios y no hicieron como les mandó el faraón (Éxodo 1:15-22). No leemos nada de Aarón hasta que Dios lo envía con Moisés quien ya tenía ochenta años de edad.

Cuando Dios habló con Moisés en la zarza ardiente, llamándolo a que regresara a Egipto y exigiera al faraón que dejara libres a los israelitas (Éxodo 3-4), Moisés explicó los motivos por los que él no era una buena elección para la tarea. Finalmente, Moisés le pidió a Dios que enviara a alguien más (Éxodo 4:13). "Entonces el Señor se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón" (Éxodo 4:14). Dios continuó diciéndole a Moisés que Aarón sería su vocero (Éxodo 4:15-17).

Dios también le habló a Aarón, diciéndole que se reuniera con Moisés en el desierto. Aarón fue al desierto como Dios le dijo. Moisés le contó a Aarón lo que Dios había dicho, incluyendo las instrucciones de Dios acerca de los prodigios que iban a realizar delante de faraón. En Egipto, Moisés y Aarón reunieron a los ancianos de los hijos de Israel, y Aarón les dijo lo que Dios le había dicho a Moisés (Éxodo 4:27-31). Es interesante observar que Aarón respondió muy pronto a Dios en obediencia y rápidamente creyó lo que Moisés le había dicho. Sin cuestionar, Aarón parecía estar apto para la tarea a la que Dios lo había llamado, ayudando voluntariamente a su hermano y hablando al pueblo en nombre de Moisés. Aarón quizás también sirvió como intermediario entre Moisés y los israelitas, ya que toda su vida Moisés había estado viviendo separado de su pueblo, primero en las cortes egipcias, y luego como un fugitivo en Madián.

En la medida que la historia de Éxodo se desarrolla, vemos tanto a Moisés como a Aarón delante de faraón, solicitándole a faraón que dejara ir al pueblo y realizando muchas señales. Dios usó la vara de Aarón en muchas de las señales y las plagas. Los hombres fueron obedientes a las instrucciones de Dios, y finalmente los Israelitas fueron liberados.

Aaron continuó liderando con Moisés durante el divagar de los israelitas en el desierto, siendo algo así como su ayuda y su portavoz. Cuando los israelitas se quejaron contra Moisés y Aarón (Éxodo 16:2), "Moisés y Aarón dijeron a todos los israelitas, "Entonces dijeron Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: En la tarde sabréis que el Señor os ha sacado de la tierra de Egipto, y a la mañana veréis la gloria del Señor; porque Él ha oído vuestras murmuraciones contra el Señor; porque nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros?" (Éxodo 16:6-8). Moisés le pidió a Aarón que convocara al pueblo para acercarse a la presencia del Señor, y la gloria del Señor apareció ante ellos en una nube (Éxodo 16:10). Fue en este momento que Dios proveyó las codornices y el maná. Dios instruyó a Moisés para que guardaran un gomer de maná en una vasija que se mantendría para las generaciones venideras; Moisés le pidió a Aarón que lo hiciera (Éxodo 16:32-35).

El resultado de la rebelión de Coré contra Moisés y Aarón, Dios realizó un milagro para confirmar que Aarón y sus descendientes eran efectivamente escogidos para ministrar ante la presencia del Señor. Se recogieron doce varas, una por cada tribu. La vara que representaba la tribu de Leví, tenía el nombre de Aarón inscrito sobre ella. Las varas se colocaron en el tabernáculo delante del arca del pacto durante la noche y a la mañana siguiente, la vara de Aarón "había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras" (Números 17:8). Dios le ordenó a Moisés que también colocara la vara de Aarón dentro del arca, diciendo, "harás cesar sus quejas de delante de mí" (versículo 10).
¿Por qué Dios hizo florecer la vara de Aarón?
La vara de Aarón floreció para confirmar de forma milagrosa que Dios había elegido a Aarón y a su descendencia para el sacerdocio.

Razones del acontecimiento
Detener las quejas: El pueblo de Israel y varios líderes habían protestado y cuestionado la autoridad de Moisés y Aarón tras la rebelión de Coré.
La prueba de las doce varas: Dios ordenó que los jefes de cada una de las doce tribus de Israel, más la de Leví representada por Aarón, llevaran una vara de madera seca al Tabernáculo.
La señal divina: Al día siguiente, la vara de Aarón fue la única que reverdecía, arrojaba renuevos, echaba flores y producía almendras maduras, demostrando así el respaldo de Dios y terminando con los reclamos

Durante una batalla con los amalecitas, Josué, el comandante del ejército israelita, tuvo la victoria sólo cuando Moisés tenía las manos levantadas. Moisés se cansó, y Aarón y Hur colocaron una piedra debajo de él, y sostuvieron sus manos. En muchos sentidos, esta es una imagen de gran parte del servicio de Aarón a Moisés. Apoyó a su hermano, a quien Dios había elegido para sacar a los israelitas del cautiverio.

En el Monte Sinaí, Dios advirtió al pueblo para que mantuviera su distancia mientras Él se reunía con Moisés y le daba la ley. En una de las subidas de Moisés, Dios le dijo que subiera con Aarón (Éxodo 19:24). Más tarde, cuando Moisés permaneció en el monte con Dios, él puso a Aarón y Hur a cargo de manejar las disputas que pudieran surgir (Éxodo 24:14).

Desafortunadamente, las cosas no salieron muy bien para Aarón mientras él estaba a cargo. El pueblo se impacientó esperando que Moisés regresara y le pidieron a Aarón que les hiciera un dios. Aparentemente sin resistencia frente al impulso del pueblo, Aaron les pidió joyas de oro, les dio forma de un becerro, y crearon un ídolo. Incluso Aarón edificó un altar delante del becerro y anunció un festival para él (Éxodo 32:1-6). Puede parecer difícil de comprender cómo un hombre que tenía tan buena voluntad para obedecer el llamado de Dios para ayudar a su hermano a sacar al pueblo de Egipto, que vio señales grandiosas de Dios de primera mano, y acababa de ver a Dios en el monte Sinaí, podría hacer tal cosa. El fracaso de Aaron es una demostración de nuestra naturaleza humana. No conocemos la motivación de Aarón, pero no es difícil imaginar que él pudo haber dudado de Dios y tenía temor del pueblo.

Cuando Dios le contó a Moisés lo que estaba sucediendo con el pueblo y el becerro de oro, Él amenazó con destruir al pueblo y más bien que haría de Moisés una gran nación. Moisés intervino en nombre del pueblo y volvió con ellos (Éxodo 32:7-18). Cuando vio lo que estaba ocurriendo, "ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte" (Éxodo 32:19). Las tablas contenían el pacto de Dios; parece que Moisés las destruyó no sólo en un momento de ira, sino también porque el pueblo había roto el pacto por su desobediencia. 
Moisés quemó el ídolo, esparció sus cenizas en el agua y se las dio a beber a los israelitas (Éxodo 32:20). Cuando Moisés le preguntó a Aarón por qué el pueblo había hecho esto y por qué él los había guiado, Aaron fue honesto acerca de la murmuración y la petición del pueblo para que les hiciera un dios, pero él no fue comunicativo sobre su propia participación. Aaron admitió haber recogido el oro, pero afirmó que, cuando lo "echó en el fuego, salió este becerro" (Éxodo 32:24). "Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos" (Éxodo 32:25). 
Moisés llamó consigo a aquellos que estaban por el Señor. Los Levitas se unieron a él, y Moisés les ordenó matar a algunos del pueblo. Moisés, nuevamente, intercedió por el pueblo. Dios tranquilizó a Moisés, pero también envió una plaga sobre el pueblo por causa de su pecado (Éxodo 32:33-35).

El incidente del becerro de oro no sólo fue el error garrafal de Aarón. En Números 12, Aarón y María (la hermana de Aarón y Moisés) se oponen a Moisés y a Aarón: "María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado el Señor? ¿No ha hablado también por nosotros?" (Números 12:1-2). Tal orgullo no es piadoso, pero es un peligro común entre líderes; muchos de nosotros tal vez nos relacionamos con Aaron. Dios llamó a los tres hermanos para que se encontraran con Él, defendió a Moisés ante Aarón y María y preguntó por qué Aarón y María no habían tenido temor de hablar contra él. Cuando la nube desde la cual había hablado el Señor se apartó, María estaba leprosa. Aaron le suplicó a Moisés a su favor; Moisés clamó a Dios, y, después de siete días fuera del campamento, María fue sanada (Números 12:3-16). Es interesante que María sufrió la lepra, mientras que nada le pasó a Aaron. También es interesante ver la súplica de Aarón a Moisés, reconociendo su insensato pecado y pidiéndole que no permitiera que María sufriera. Parece que Aaron estaba verdaderamente arrepentido.

Aarón y sus hijos fueron nombrados por Dios para ser sacerdotes para el pueblo, y Aarón fue el primer sumo sacerdote. En el monte Sinaí, Dios le dio a Moisés los mandamientos respecto al sacerdocio, incluyendo cómo consagrar a los sacerdotes y las prendas que debía vestir. Dios le dijo a Moisés que el sacerdocio pertenecería a Aarón y sus descendientes por derecho perpetuo (Éxodo 29:9). Aarón fue hecho sumo sacerdote y su linaje continuó sirviendo como sacerdotes hasta la destrucción del templo en el año 70 d.C. El libro de Hebreos en el nuevo testamento, pasa mucho tiempo comparando el sacerdocio permanente de Jesús con el sacerdocio aarónico. Los sacerdotes de la línea de los levitas, tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados y sacrificios a favor del pueblo de manera continua. Jesús fue sin pecado, y Su sacrificio a favor del pueblo fue hecho una vez y ha terminado (ver Hebreos 4-10)

Mientras que los hijos de Aarón lo siguieron en el sacerdocio, dos de sus hijos, Nadab y Abiú murieron cuando ofrecieron "delante del Señor fuego extraño, que Él nunca les mandó" (Levítico 10:1). Cuando Moisés le dijo a Aarón que esto es a lo que Dios se refería cuando dijo que Él demostraría Su santidad, Aarón calló (Levítico 10:3). Aarón no intento defender a sus hijos, ni tampoco acusó a Dios de hacer lo malo. Parece que Aaron comprendió realmente la santidad de Dios y aceptó Su juicio sobre sus hijos.

Al igual que Moisés, a Aarón no se le permitió entrar en la tierra prometida debido a su pecado en Meriba (Números 20:23). Dios instruyó a Moisés, Aarón, y a Eleazar, hijo de Aarón, para subir al monte de Hor. Allí, Eleazar sería hecho sumo sacerdote, y Aarón moriría (Números 20:26-29).

La vida de Aarón es una manifestación de la santidad de Dios y de Su gracia. Aaron comenzó como un siervo fiel y obediente, yendo donde Moisés de manera voluntaria y actuando como un intermediario. Él también sirvió fielmente como sacerdote en el sistema sacrificial que Dios usó como una representación de Su máximo plan de salvación en Cristo Jesús. Como cualquier otro ser humano, Aaron era un pecador. Después de haber visto la obra poderosa de Dios, aun así, hizo el becerro de oro y condujo el pueblo a la idolatría. Pero Aaron parece que aprendió y maduró, admitiendo su pecado de haber hablado en contra de Moisés y aceptando la muerte de sus hijos infieles. De Aarón, aprendemos acerca del servicio a los demás, compartiendo la responsabilidad del liderazgo, y rindiéndose a Dios.

A su linaje pertenece Isabel, la madre de Juan Bautista y esposa de Zacarías.

Iconografía
A Aarón se le representa a menudo con la vara florida, que lo hace fácilmente reconocible en los grupos de profetas en los pórticos de los templos románicos y góticos. También suele aparecer en las escenas de la vida de Moisés.

A finales de la Edad Antigua y durante la Alta Edad Media, ya aparece vestido de sumo sacerdote, con un tocado parecido a una tiara. En la Edad Media se lo representó a menudo con vestiduras de obispo.

Sus atributos son la filacteria que lleva en su cabeza, el pectoral con las doce piedras y un incensario o la vara de la que emerge un brote. Esta última era preservada en el Arca de la Alianza, en el Sanctasanctórum junto con las Tablas de la Ley, el Maná y otras reliquias del Éxodo.

Moisés y Aarón con el Decálogo (escrito en hebreo), óleo, 1692. Museo Judío, Londres. Aarón porta las vestiduras de Sumo Sacerdote de Israel.

Aarón, con los atributos sacerdotales y aureola. Vitral. Catedral de San Corentino de Quimper, Bretaña.

Aarón en un icono del monasterio de la isla Kizhi, República de Carelia, Rusia. Aureola e inscripción identifican a Aarón como santo y profeta. Sobre la cabeza, Aarón porta su filacteria.

En el Islam

Aarón (árabe: هارون, Hārūn) es mencionado en el Corán como profeta de Dios. El Corán alaba a Aarón repetidamente, llamándolo «siervo creyente», así como alguien «guiado» y uno de los «vencedores». El Corán, además, niega el papel de Aarón en la creación del becerro de oro, atribuyendo la acción a Samiri. Aarón es importante en el islam por su papel en los acontecimientos del Éxodo, en los que, según el Corán y la creencia islámica, predicó con su hermano menor, Musa (Moisés), al faraón del Éxodo.

Sin embargo, la importancia de Aarón en el islam no se limita a su papel como ayudante de Moisés. La tradición islámica también le otorga a Aarón el papel de patriarca, ya que la tradición registra que la descendencia sacerdotal venía a través del linaje de Aarón, que incluía a toda la Casa de Amran.

Aarón tuvo una sola esposa según la Biblia.
Datos de su matrimonio
Nombre: Se llamaba Eliseba (también traducida como Elisabet o Elisheva).
Familia: Era hija de Aminadab y hermana de Nahasón, un líder de la tribu de Judá (Éxodo 6:23).
Hijos: Tuvo cuatro hijos con ella: Nadab, Abiú, Eleazar e Itama

¿Cuál fue el pecado de Aarón en la Biblia? 
El pecado más conocido de Aarón en la Biblia f
ue construir el becerro de oro mientras Moisés estaba en el monte Sinaí.

El becerro de oro (Éxodo 32)

La presión del pueblo: Los israelitas se impacientaron al ver que Moisés tardaba en bajar del monte. Le exigieron a Aarón que les hiciera dioses que los guiaran.
La acción de Aarón: Cede ante la presión, les pidió sus joyas de oro, las fundió y formó un ídolo con la figura de un becerro.
La excusa: Cuando Moisés lo confrontó, Aarón intentó justificarse diciendo que el pueblo era propenso al mal y que el becerro prácticamente "salió solo" del fuego tras arrojar el oro.

La rebelión en Meribá (Números 20)
El agua de Meribá: Aarón cometió otro pecado importante junto a Moisés en el desierto de Zin.
La falta: Dios le indicó a Moisés que le hablara a la peña para que brotara agua para el pueblo, pero Moisés y Aarón golpearon la roca dos veces y hablaron con soberbia, mostrando desobediencia y falta de santificación hacia Dios.
El castigo: Por este acto de rebelión, Dios les impidió entrar a la Tierra Prometida. Aarón murió poco después en el monte Hor

¿Cómo castigó Dios a Aarón?
Aarón no pudo entrar a la Tierra Prometida y murió en el monte Hor como castigo por desobedecer a Dios en las aguas de Meriba.

El castigo en Meriba
El pecado: En Números 20, el pueblo protestó por falta de agua. Dios le dijo a Moisés que le hablará a la roca, pero Moisés la golpeó dos veces y Aarón participó en la falta de respeto a la autoridad y santidad de Dios.
La consecuencia: Dios les impidió a ambos guiar al pueblo de Israel hacia la tierra prometida.
La muerte de Aarón: Dios ordenó que Aarón subiera al monte Hor junto con Moisés y su hijo Eleazar. Allí, Aarón le entregó las vestiduras sacerdotales a su hijo y murió en la cima a la edad de 123 años.
Momento clave: Su muerte ocurrió 40 años después de la salida del pueblo de Israel de Egipto, poco antes de entrar a la Tierra Prometida

Otros momentos difíciles en la vida de Aarón
El becerro de oro: Aunque Aarón fabricó el ídolo, la Biblia no registra un castigo físico directo para él en ese momento, y fue confirmado como sumo sacerdote, aunque el pueblo sí sufrió una plaga.
La muerte de sus hijos: Sus hijos mayores, Nadab y Abiú, murieron consumidos por fuego divino tras ofrecer un incienso no autorizado ante el Señor (Levítico 10), un dolor profundo para Aarón pero un juicio directo sobre ellos.
La crítica a Moisés: Cuando Miriam y Aarón hablaron contra Moisés, Dios castigó con lepra únicamente a Miriam

Eliseba, esposa de Aarón
Eliseba (AFI: eˈliʃeba; hebreo (original): אֱלִישֶׁבַע), romanizado: ’Ělīševa‘) era el nombre de la esposa de Aarón, el hermano mayor de Moisés y el primer Sumo Sacerdote de Israel. Pertenecía a la tribu de Judá y se la menciona en Éxodo 6:23 en la Torá (el Antiguo Testamento).

Información personal
Nombre nativo אֱלִישֶׁבַע 
Otros nombres Elisheva (la forma original de su nombre)
Nacimiento (probablemente) Gosén Antiguo Egipto
Fallecimiento Desconocido
Familia
Padre Aminadab
Cónyuge Aarón (el hermano mayor de Moisés)
Hijos 4, Nadab y Abihu, Eleazar e Itamar
Familiares Aminadab (padre); Naasón (hermano); Amram (suegro); Jocabed (suegra); Moisés (cuñado); Séfora (cuñada); Miriam (cuñada)
Conocida por ser Esposa de Aarón y matriarca de los Kohanim de Israel.

En la Torá
En el libro del Éxodo, se dice que ella era hija de Aminadab de la tribu de Judá y hermana de Naasón.
El nombre hebreo Elisheva se compone de dos partes: “Eli,” de Elohim (hebreo: אֱלֹהִים), una de las palabras hebreas para Dios, y "sheva,” que se traduce aproximadamente como "juramento.”Por lo tanto, el nombre Elisheva traducido al español significa "Dios es mi juramento”o "mi Dios es un juramento.”

La Torá menciona que Eliseba y Aarón tuvieron cuatro hijos: Nadab y Abihu, Eleazar e Itamar.Según la halajá, para que una persona judía sea legítimamente reconocida como uno de los Kohanim (hebreo: כֹּהֲנִים) y ser un miembro del linaje sacerdotal, tienen que ser un levita de ascendencia patrilineal directa de Eleazar e Itamar, los dos hijos menores de Aarón y Eliseba (es decir, descendientes de Aarón en ambos lados de la familia)

En la Biblia cristiana

En el primer capítulo del Evangelio de Lucas en el Nuevo Testamento, una mujer llamada Elisabet (griego: Ἐλισάβετ) se dice que era descendiente de Aarón y esposa de Zacarías, quien también era sacerdote judío.Elisabet era pariente de la madre de Jesús, María, y fue la madre de Juan el Bautista con Zacarías.

Derivaciones del nombre
En inglés
Elizabeth es la variante común en inglés de Elisabet, que se deriva de Elisheva.
En español/portugués
Isabel es la versión española y portuguesa del nombre Elisheva o Elizabeth en inglés.
En italiano
Elisabetta es la versión italiana de Elizabeth, mientras que Isabella es la versión italiana de Elisheva.

En el mundo musulmán
Alishba es un nombre moderno que se cree que deriva de una traducción al árabe de Elisheva.Es frecuente entre los musulmanes en el subcontinente indio.

Nadab y Abiú, hijos de Aarón
En los libros bíblicos del Éxodo, Levítico y Números, Nadab (נָדָב) y Avilú (אֲבִיהוּא) eran los dos hijos mayores de Aarón. Según Levítico 10, ofrecieron un sacrificio con «fuego extraño» ante Yahvé, desobedeciendo sus instrucciones, y fueron inmediatamente consumidos por el fuego.

Moisés ordenó a Aarón y a su familia que no lloraran, aunque al pueblo en general se le permitió hacerlo.

Antecedentes
Nadab y Abiú fueron los dos primeros hijos de Aarón y Eliseba, hija de Aminadab de la tribu de Judá. Tuvieron cuatro hijos en total; los dos menores eran Eleazar e Itamar.[3] Durante el viaje del Éxodo, después de que los israelitas afirmaran su pacto con Yahvé en Éxodo 24:3-8 Avihu y Nadav acompañaron a Moisés, Aarón y setenta ancianos hasta el Monte Sinaí. Allí vieron a Yahvé con gran claridad, caminando sobre un pavimento de piedra de zafiro, y compartieron una comida en presencia de Dios, sin sufrir ningún daño.

Aarón y sus cuatro hijos fueron los primeros levitas nombrados cuando Dios estableció el sistema sacerdotal. Los levitas como tribu fueron ordenados más tarde para el servicio sacerdotal después de responder a una llamada para ponerse del lado de Yahvé tras la idolatría centrada en el becerro de oro. Tras la muerte de Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar ocuparon sus lugares como sacerdotes, ya que ni Nadab ni Abiú tenían hijos.

Violación de la ley de Dios y castigo
En Éxodo 30 y Levítico, Dios describe el sacrificio adecuado que se le debe ofrecer
Aarón, el sumo sacerdote, debía presentar todas las ofrendas en representación suya y del pueblo.

Entonces Moisés dijo a Aarón: «Acércate al altar y sacrifica tu ofrenda por el pecado y tu holocausto, haciendo expiación por ti y por el pueblo; y sacrifica la ofrenda del pueblo y haz expiación por ellos, como יהוה ha mandado».
Levítico 9:7, Torá contemporánea
Dios enviaría su fuego para consumir el sacrificio como señal de su presencia.

Cuando el fuego de Dios descendió y consumió el sacrificio, se percibió como una señal de la gloria y el favor de Dios. Y este fuego sagrado, que Yahvé había encendido, debía utilizarse para quemar el incienso. Pero Nadab y Abiú, cuando tomaron sus incensarios para quemar incienso fragante, utilizaron un fuego diferente, un fuego extraño, no el fuego que Yahvé había encendido y ordenado utilizar para este fin; un fuego descendió del cielo y los devoró delante de la congregación.

La Biblia de estudio judía señala que cuando Nadav y Avihu encendieron la ofrenda en los incensarios, su fuego era profano. Prepararon una ofrenda de incienso sobre leña, no incienso sobre el altar. Esto se consideraba fuego extraño o profano (אֵ֣שׁ זָרָ֔ה).
La exégesis de Adam Clarke (fallecido en 1836) señala que cualquiera que alterara el sistema de sacrificios asumía una prerrogativa que solo pertenecía a Dios.

Entierro

Tras la muerte de Nadab y Abiú, Moisés dictó lo que debía hacerse con sus cuerpos. Ordenó a Misael y Elzaphan, hijos de Uziel, tío suyo y de sus hermanos Aarón y Miriam, que sacaran los cuerpos del santuario y los llevaran a un lugar fuera del campamento. Especificó que Mishael y Elzaphan tuvieran cuidado de tocar solo las túnicas de Nadab y Abihu, y no sus cuerpos. La primera preocupación en el entierro era evitar que lo sagrado fuera profanado y que se interrumpiera el servicio a Dios. Los cadáveres debían ser retirados inmediatamente, porque permitir que la impureza de los cuerpos permaneciera en el santuario podía invocar de nuevo la ira de Dios. Los cuerpos fueron levantados «por sus túnicas» para evitar el contacto físico directo. Esto no impedía que los portadores quedaran ritualmente impuros, pero reducía el tiempo y los procedimientos necesarios para restaurar su pureza ritual.

Luto
A Aarón y a los demás sacerdotes supervivientes se les ordenó que no lloraran, no participaran en rituales funerarios ni tuvieran contacto con los muertos. Esto no solo se aplicaba en este caso, sino que se modificó en una orden permanente. Aunque los sacerdotes podían llorar, no podían tener contacto con los muertos, ni siquiera con su cónyuge, padres o hijos fallecidos, y no podían participar en rituales funerarios públicos. Como representantes del pueblo, los sacerdotes debían evitar cualquier cosa que pudiera descalificarlos para el servicio de Dios. Debían permanecer listos y capaces de actuar al servicio de Dios siempre que la comunidad los necesitara.

La orden de no llorar también se aplicaba porque el crimen de Nadab y Abiú era tan provocador para Dios y merecía plenamente el castigo que Dios les había infligido. Llorar en este caso podría ser visto por el pueblo como una acusación a Dios de severidad indebida. Tanto el pueblo como los sacerdotes debían mostrar sumisión a un juicio justo. Si los sacerdotes ungidos pecaban de esta manera, la culpa recaería no solo sobre ellos, sino también sobre el pueblo. Además, todos los judíos tienen prohibido llorar en sábado y durante las fiestas del Señor. Son días de celebración, no se permite que la tristeza empañe la alegría de esos días.

Sin embargo, se permitía al pueblo en su conjunto llorar y mostrar su dolor. La muerte de Nadab y Abiú fue trágica, pero merecida, y el pueblo debía reconocer primero que era merecida y luego llorar su muerte.

En el judaísmo
El pecado de Nadab y Abiú fue una grave violación de los deberes reservados a su padre, el sumo sacerdote. Sin embargo, su ofensa no se limitó a sobrepasar los límites, sino que implicó múltiples transgresiones. En primer lugar, sin autorización, se tomaron la libertad de realizar el servicio del incienso, la responsabilidad sacerdotal más sagrada e importante. En segundo lugar, colaboraron en una tarea que solo el sumo sacerdote estaba autorizado a realizar. Por último, asumieron la responsabilidad de encender ellos mismos la ofrenda de fuego. Al hacerlo, «ofrecieron fuego extraño ante el Señor», demostrando una intromisión presuntuosa y no autorizada en una función sagrada que no les correspondía.Con estas acciones, mostraron descuido, irreverencia y falta de fe, lo cual era especialmente grave para quienes prestaban servicio sacerdotal. Un precedente de tal tendencia maligna era peligroso, y era imperativamente necesario que Dios castigara a los sacerdotes y a los objetos sagrados.

En el cristianismo
Catolicismo romano
Ya fuera porque Nadab y Abiú descuidaron seguir el sistema de sacrificios establecido por Dios por presunción, o por desconsideración y falta de atención, su falta fue severamente castigada para que todos aprendieran a cumplir exactamente los mandamientos de Dios, y no intentaran cambiarlos o justificarlos. Mezclar la falsedad con la palabra de Dios era un pecado grave. Los que están en el poder, como los sacerdotes, deben ser especialmente cuidadosos en su comportamiento, porque son ejemplos para aquellos a quienes sirven.

Puntos de vista de la Reforma y la Posreforma
Nadab y Abiú estaban en una posición privilegiada para convertirse en sacerdotes honorables y respetados. Si el acto de Nadab y Abiú hubiera sido cometido por ignorancia, se les habría pedido que ofrecieran una ofrenda por el pecado. Pero en lugar de eso, lo hicieron con presunción (deliberadamente y con arrogancia), y con desprecio hacia la majestad y la justicia de Dios. Por lo tanto, fueron expulsados, ya que la paga del pecado es la muerte. El pecado y el castigo de estos sacerdotes mostraron la imperfección de ese sacerdocio desde el principio, y que no podía proteger a nadie del fuego de la ira de Dios.

Punto de vista de los adventistas del séptimo día
Nadab y Abiú no fueron educados en sus años de formación para desarrollar hábitos de autocontrol, respeto y obediencia a la autoridad. Vieron a su padre, Aarón, ceder a la presión de las multitudes y hacerles un becerro de oro contra la voluntad del Señor. Esto es un llamado a los padres, especialmente a los padres piadosos, a dar un buen ejemplo de obediencia estricta y ejemplar a las leyes de Dios.

Se cree que Nadab y Abiú también estaban ebrios en el momento de cometer su pecado. Por lo tanto, sus mentes no estaban tan claras como deberían haber estado en preparación para el servicio del Señor. Esta es la razón por la que, tras su transgresión, el Señor ordenó a Aarón y a sus hijos restantes que nunca bebieran vino ni bebidas fuertes. La misma obligación recae hoy en día sobre los hijos de Dios, para asegurarse de que evitan cualquier cosa que pueda alterar su estado mental y disminuir su servicio al Señor.

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