IV-María en el Magisterio de la Iglesia

El Magisterio son los obispos junto con el Papa, obispo de Roma. 
Ellos tienen la potestad y autoridad para cuidar la doctrina y decretar los dogmas y las normativas de la Iglesia; tienen el don y servicio de gobernar y guiar a la Iglesia toda.

Vienen en línea directa desde los Apóstoles, quienes eligieron los responsables de las comunidades, obispos (epíscopos en griego) que significa vigilante de la fe; epis, encima y scopos, mirada. Estos obispos a su vez transmitieron la gracia y la fe a sus sucesores en una ininterrumpida sucesión hasta nuestros días.

Ellos mantienen el tesoro recibido, el depósito de la fe, que nace desde el Antiguo Testamento, llega a su plenitud en Cristo y se comunica a la Iglesia por medio de los Apóstoles.
María está también involucrada allí, por ser la madre de Jesús y por ser miembro activo de la Iglesia desde su origen. Ella está presente en toda la vida de Jesús y sigue allí en Pentecostés cuando la Iglesia nace definitivamente por la poderosa acción del Espíritu Santo.

Puntos Clave del Magisterio sobre María:
Madre de la Iglesia (Mater Ecclesiae): Proclamado por Pablo VI, este título subraya que, al ser madre de Jesús (cabeza), es madre de su Cuerpo Místico.

Cuatro Dogmas Marianos:
Son el fundamento de la mariología: Madre de Dios (Theotokos), Perpetua Virginidad, Inmaculada Concepción y Asunción a los cielos.

Cooperadora y Mediadora: María no es un instrumento pasivo; cooperó en la redención con su obediencia y fe. Es invocada como Abogada, Auxiliadora y Mediadora, sin disminuir la única mediación de Cristo.
Modelo y Tipo de la Iglesia: El Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, cap. VIII) destaca a María como prototipo de las virtudes cristianas y figura de la Iglesia por su entrega y comunión con Dios.

El Magisterio eclesial ha producido muchísimos documentos y referencias respecto de María, que se expresan en el Credo, en los Concilios, en los Dogmas decretados, en la Liturgia, en las Encíclicas y Documentos Eclesiales, en los Años Jubilares Marianos y de muchas otras maneras.

Es bueno tomar conciencia de los niveles diversos del Magisterio eclesial; 
  • hay documentos relacionados al Magisterio Universal de la Iglesia, que son las Actas de los Concilios, los Dogmas y Decretos, las Cartas Encíclicas, Cartas Apostólicas, Motu Propio, Bulas, etc. que provienen de todos los Obispos del mundo reunidos, del Papa, del Vaticano.
  • El Magisterio Regional ha producido diversos documentos como en Latinoamerica y el Caribe, los documentos del CELAM (Concejo Episcopal Latinoameicano) Río de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida.
  • Además están los documentos Nacionales, de la Conferencia Episcopal de cada país en concreto y por último los documentos Diocesanos y Arquidiocesanos, de cada Obispo en su Diócesis.
 En todo este tipo de documentos eclesiales podemos encontrar referencias concretas a María y allí hay un estudio muy abundante que se puede realizar.

El Magisterio Universal de la Iglesia tiene ya dentro del Credo de los Apóstoles, el más antiguo, utilizado en las liturgias bautismales y el Credo Niceno Constantinopolitano, que se definió en los Concilios de Nicea y de Constantinopla, la presencia de María: nació de María Virgen, lo que nos indica que ya desde los comienzos de la Iglesia, se integró a la Virgen en la profesión de fe, la cual repetimos cada domingo en la Santa Misa, además de hacerlo en los sacramentos del Bautismo y Confirmación.

Los dos primeros dogmas sobre María fueron también decretados en Concilios Ecuménicos de la Iglesia universal; el de la Maternidad Divina de María (Teotokos) fue decretado en el año 431 en el Concilio de Éfeso y respecto de la Virginidad de María el concilio de Constantinopla II (553) introduce la referencia de la virginidad perpetua de María: “Tomó carne de la gloriosa Theotokos y siempre virgen María”. 


El Papa Martín I convoca el concilio Lateranense (649) donde en el tercer canon del concilio se afirma en forma dogmática la perpetua virginidad de María: “Si alguno no confiesa, según los santos padres, que la santa y siempre virgen e inmaculada María sea en sentido propio y según verdad madre de Dios, en cuanto propiamente y verdaderamente ha concebido del Espíritu Santo, sin semen, y ha dado a luz, sin corrupción, permaneciendo aún después del parto su indisoluble virginidad, al mismo Dios Verbo, nacido del Padre antes de todos los siglos, sea anatema”. Este concilio aunque no fue ecuménico, de toda la Iglesia, sin embargo después el Papa Martín I envió cartas a todas las iglesias de Oriente y Occidente, para que todos los fieles cristianos aceptasen estas verdades piadosas de la recta doctrina.

Los otros dos dogmas marianos fueron decretados directamente por los papas, en acuerdo de los obispos del mundo entero, aunque sin la celebración de un Concilio para ello.

Hay otros documentos papales antes del Concilio Vaticano II que hablan sobre María. 
El Concilio Vaticano II es el último de los Concilios Ecuménicos de la Iglesia y el que nos corresponde conocer mejor y seguir sus lineamientos, en la década de los años 1960, allí, en la constitución dogmática Lumen Gentium (Luz de las Naciones) que se refiere a la Iglesia, en el capítulo VIII, habla sobre María.

Es el documento oficial de la Iglesia universal que contiene la doctrina más amplia sobre la santísima Virgen María. En ese documento se ubica a María dentro de la Iglesia y al mismo tiempo se resalta su especial lugar y labor dentro de la misma, y de parte de los fieles, la manera en que es honrada por la Iglesia toda, además habla de María como modelo e ideal de la Iglesia, como mediadora, intercesora, abogada y auxiliadora, entre otros aspectos.


Después del Concilio Vaticano II el Papa Pablo VI publica sus dos Cartas Encíclicas marianas, la primera fue Signum Magnum publicada el 15 de mayo del 1967 por los veinticinco años de la consagración del mundo a María Inmaculada hecha por Pío XII, por lo cual al renovar dicha consagración a María, como madre y reina espiritual de los creyentes, se reafirmaba la importancia del culto singular mariano que es un culto que no menoscaba el verdadero culto al Verbo, al Padre y al Espíritu.

La otra famosa es exhortación apostólica Marialis Cultus, publicada el 2 de febrero del 1974, después del Concilio; tuvo una importancia decisiva en la reorganización del culto a María:
  • primero porque motivó a la recuperación de la importancia de la genuina devoción mariana, siempre presente en la vida de la Iglesia desde sus comienzos; 
  • segundo porque presenta el lugar que ocupa la Virgen en la liturgia renovada, recordando las principales solemnidades, fiestas, memorias a lo largo del año litúrgico.  Además muestra a María en sus actitudes principales que marcan su participación y presencia dentro de la celebración de la fe: María es Virgen oyente de la Palabra, Virgen orante, Virgen Madre y oferente unida a Cristo en la obra de la redención de su Hijo.
  • Tercero muestra las principales características de la auténtica devoción mariana: debe ser trinitaria, cristológica y eclesiológica, sobre todo considerando la dimensión pneumatológica de esta orientación cristocéntrica que Pablo VI hace en los numerales 26 y 27 del documento en su segunda parte.


El Papa Juan Pablo II, un Papa muy mariano, en cuyo escudo puso el lema Totus Tuus, todo tuyo, refiriéndose a María, tomando esta frase de San Luis Grignon de Monfort, publicó varios documentos sobre María y realizó diversas actividades importantes. 
Decretó el Año Mariano en 1987, en preparación de los dos mil años del nacimiento de Jesús, y publicó su famosa encíclica Redemptoris Mater, la Madre del Redentor, ésta presenta a María relacionada con el misterio de Cristo y el misterio de la Iglesia. 
  • El primer enlace es desarrollado por tres frases bíblicas: Llena de gracia, Feliz la que ha creído y Ahí tienes a tu madre. 
  • La segunda parte se ocupa de María relacionada con la Iglesia peregrina, en especial la situación ecuménica y la faceta de María como signo profético de la liberación dentro de la tradición y del magisterio sobre el significando profundo y fecundo del Magnificat; 
  • y la tercera parte se adentra con la mediación materna y el sentido mismo del año mariano, es decir la importancia de su presencia operante maternal, y el valor de la consagración a Dios en manos de María como forma de renovación de la fe por la verdadera filiación espiritual adoptiva con María a nivel personal y colectivo.
También hace una amplia descripción del valor de la pastoral de santuarios marianos con sus relativas peregrinaciones, su geografía mundial que abarca Oriente y Occidente y todos los continentes y la importancia para vivir, renovar ese encuentro con Jesús propiciado por el encuentro personal con María, que maternalmente en esos lugares sagrados se hace presente en la acogida fraternal para recibir la gracia de Dios con el sacramento de la reconciliación y de la eucaristía.

El Papa Juan Pablo II promulgó el Catecismo de la Iglesia Católica el 11 de octubre de 1992, donde hay varias referencias a María: 
  • María, Madre de Cristo por obra del Espiritu Santo, numerales 437, 456, 484-86, 723-26; 
  • El Culto a María, numerales 1172, 1370, 2043, 2177, 487, 2146, 2675-79, 971; 
  • la Iglesia y María, numerales 829, 773, 963-72, 967, 501. 
  • Y varios aspectos más de la realidad mariana dentro del misterio de Dios y de la Iglesia.
También el Papa Juan Pablo II hace una innovación importante en las audiencias papales de los miércoles donde desarrolla una catequesis sistemática: 
María en el misterio de Cristo y de la Iglesia entre el 6 de septiembre de 1995 y el 12 de noviembre de 1997.

Esta catequesis mariana se divide en tres partes:
I) La presencia de María en la historia de la Iglesia,
II) la fe de la Iglesia sobre María,
III) el rol de María en la Iglesia.
  • El Papa en la primera parte contempla la presencia de la Virgen María en el comienzo de la vida de la Iglesia y explica el desarrollo de la doctrina mariana en los primeros siglos hasta su especial presencia en el Concilio Vaticano II. 
  • En la segunda parte sigue el itinerario mariano del documento conciliar que pone en evidencia la contribución de la figura de la Virgen en la comprensión del misterio de la Iglesia. De esta manera busca poner en evidencia el rol de la Santísima Virgen María en el misterio del Verbo encarnado y del Cuerpo místico y toma en cuenta el desarrollo doctrinal eclesial hasta ahora. 
  • En la tercera parte Juan Pablo II pone en relieve el rol especial de María en la historia de la salvación y en la relación especial de María con la Iglesia, su mediación, intercesión, maternidad espiritual y cooperación. 
 Además el Papa Juan Pablo II produjo un documento sobre el Santo Rosario. 
El Santo Padre en la Carta Apostólica, Rosarium Virginis Mariae, del 16 de octubre del 2002, reconoce el valor del Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, siendo una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio de la Iglesia.



El Papa Benedicto XVI no escribe un documento específico sobre la Virgen pero en todas sus encíclicas le da su lugar importante; en su carta Carta Encíclica, Spes Salvi, (la esperanza de la salvación) del año 2007, tiene un comentario: María, estrella de la esperanza, n. 49: “¿Quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su «sí » abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14)?”.

Y en la Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini (la Palabra de Dios), del 30 septiembre del 2010, hace importantes referencias a María: por eso es necesario mirar allí donde la reciprocidad entre Palabra de Dios y fe se ha cumplido plenamente, o sea, en María Virgen, «que con su sí a la Palabra de la Alianza y a su misión, cumple perfectamente la vocación divina de la humanidad»….. Es necesario ayudar a los fieles a descubrir de una manera más perfecta el vínculo entre María de Nazaret y la escucha creyente de la Palabra divina. Exhorto también a los estudiosos a que profundicen más la relación entre mariología y teología de la Palabra. (VD,27).

Y prosigue en el siguiente numeral: En esta circunstancia, deseo llamar la atención sobre la familiaridad de María con la Palabra de Dios. Esto resplandece con particular brillo en el Magnificat. En cierto sentido, aquí se ve cómo ella se identifica con la Palabra, entra en ella; en este maravilloso cántico de fe, la Virgen alaba al Señor con su misma Palabra (VD, 28)


El Papa Francisco también en sus varias cartas, bulas y exhortaciones nombra de varias maneras a María; daremos algunos ejemplos. 

 --En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (la Alegría del Evangelio) dada el 24 de noviembre del 2013, solemnidad de Cristo Rey, el Papa Francisco tiene la segunda parte del capítulo V dedicada a María: II-María, la madre de la evangelización. Donde se refiere a María de manera clara: Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hch1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. 
Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización.(EG,284). Más adelante continúa: A la Madre del Evangelio viviente le pedimos que interceda para que esta invitación a una nueva etapa evangelizadora sea acogida por toda la comunidad eclesial. Ella es la mujer de fe, que vive y camina en la fe y «su excepcional peregrinación de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia». (EG,287).

--En la Bula Misericordiae Vultus (el rostro de la misericordia) para comenzar el Año Santo de la Misericordia (2015-1016) afirma: En la « plenitud del tiempo » (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. (MV 1) y en otro lugar añade: Por esto pensó y quiso a María santa e inmaculada en el amor (cfr Ef 1,4), para que fuese la Madre del Redentor del hombre. (MV,3) y luego añade: Ninguno como María ha conocido la profundidad el misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor. (MV,23).

El Magisterio Continental, recogido en los documentos del CELAM; 
Río de Janeiro, del año 1955, hace referencia a María: No olviden nuestros Sacerdotes y fieles que en el Santo Sacrificio de la Misa, en la Comunión frecuente y diaria, como en la devoción a María Santísima -Madre y Reina del Continente americano- encontrarán ellos también el secreto de la fecundidad para la labor apostólica que deben realizar en esta hora de tan graves responsabilidades para América. (RJ,3) y donde exhorta a los párrocos a santificar al pueblo de Dios aconseja entre otras sugerencias: c) con un reflorecimiento de la devoción a María Santísima, Madre y Reina del Continente Americano; (RJ,56).

El Documento de Medellín, Colombia, en Septiembre de 1968, trae una cita sobre María: En torno a María, Madre de la Iglesia, que con su patrocinio asiste a este continente desde su primera evangelización, hemos implorado las luces del Espíritu Santo y, perseverando en la oración, nos hemos alimentado del pan de la Palabra y de la Eucaristía. Esta Palabra ha sido intensamente meditada.(DM,8).

El Documento de Puebla, México, 1979, hace mayores referencias a María: La Iglesia, misterio de comunión, pueblo de Dios al servicio de los hombres, continúa a través de los tiempos siendo evangelizada y llevando a todos la Buena Nueva. María es para ella motivo de alegría y fuente de inspiración por ser la estrella de la Evangelización y la Madre de los pueblos de América Latina. (Puebla Conclusiones, 167-168).

Y más adelante afirma: «En esta comunión trinitaria del Pueblo y Familia de Dios, juntamente veneramos e invocamos la intercesión de la Virgen María y de todos los santos. Todo genuino testimonio de amor que ofrezcamos a los bienaventurados se dirige por su propia naturaleza a Cristo y por él a Dios» (LG 50). (Puebla, Conclusiones 217). 

También Puebla afirma la protección de la Santísima Virgen María: Ante tal desafío, la Iglesia se sabe limitada y pequeña, pero se siente animada por el Espíritu y protegida por María. Su intercesión poderosa le permitirá superar las «estructuras de pecado» en la vida personal y social y le obtendrá la «verdadera liberación» que viene de Cristo Jesús (Juan Pablo II, Homilía Zapopán 3). (Puebla, Conclusiones 281). 
 Y sigue: En nuestros pueblos, el Evangelio ha sido anunciado presentando a la Virgen María como su realización más alta. Desde los orígenes- en su aparición y advocación de Guadalupe- María constituyó el gran signo, de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo, con quienes ella nos invita a entrar en comunión. María fue también la voz que impulsó a la unión entre los hombres y los pueblos. Como el de Guadalupe, los otros santuarios marianos del continente son signos del encuentro de la fe de la Iglesia con la historia latinoamericana. (Puebla, Conclusiones 282).

Incluso el apartado 2.4 de Puebla nos habla de María como modelo y madre de la Iglesia: El pueblo creyente reconoce en la Iglesia la familia que tiene por madre a la Madre de Dios. En la Iglesia confirma su instinto evangélico según el cual María es el modelo perfecto del cristiano, la imagen ideal de la Iglesia. (Puebla, Conclusiones 285).

El Documento de Santo Domingo, año 2004, también hace referencias a la Virgen María. La presencia maternal de la Virgen María, unida entrañablemente a la fe cristiana en Latinoamérica y Caribe, ha sido desde siempre, y en especial en estos días, guía de nuestro camino de fe, aliento en nuestros trabajos y estímulo frente a los desafíos pastorales de hoy.
(Santo Domingo, Mensaje 6).

Más adelante afirma: 
Confirmando la fe de nuestro pueblo queremos proclamar que la Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia, es la primera redimida y la primera creyente.
María, mujer de fe, ha sido plenamente evangelizada, es la más perfecta discípula y evangelizadora (cf. Jn 2, 1 -12). 
Es el modelo de todos los discípulos y evangelizadores por su testimonio de oración, de escucha de la Palabra de Dios y de pronta y fiel disponibilidad al servicio del Reino hasta la cruz. Su figura maternal fue decisiva para que los hombres y mujeres de América Latina se reconocieran en su dignidad de hijos de Dios. María es el sello distintivo de la cultura de nuestro continente. 
Madre y educadora del naciente pueblo latinoamericano, en Santa María de Guadalupe, a través del Beato Juan Diego, se «ofrece un gran ejemplo de Evangelización perfectamente inculturada» (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 24). Nos ha precedido en la peregrinación de la fe y en el camino a la gloria, y acompaña a nuestros pueblos que la invocan con amor hasta que nos encontremos definitivamente con su Hijo. Con alegría y agradecimiento acogemos el don inmenso de su maternidad, su ternura y protección, y aspiramos a amarla del mismo modo como Jesucristo la amó. Por eso la invocamos como Estrella de la Primera y de la Nueva Evangelización. (Santo Domingo, Conclusiones 15).
La última reunión de los obispos latinoamericanos fue en Aparecida, Brasil, en el 2007; también aquí encontramos referencias a María. 
Unidos a todo el pueblo orante, confiamos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, primera discípula y misionera al servicio de la vida, del amor y de la paz, invocada bajo los títulos de Nuestra Señora Aparecida y de Nuestra Señora de Guadalupe, el nuevo impulso que brota a partir de hoy en toda América Latina y El Caribe, bajo el soplo del nuevo Pentecostés para nuestra Iglesia a partir de esta V Conferencia que aquí hemos celebrado. (DA, 5)

También nos dice: Simplemente, deseamos que todos los miembros del pueblo fiel, reconociendo el testimonio de María y también de los santos, traten de imitarles cada día más.
Así procurarán un contacto más directo con la Biblia y una mayor participación en los sacramentos, llegarán a disfrutar de la celebración dominical de la Eucaristía, y vivirán mejor todavía el servicio del amor solidario.
(DA, 262).

Y más adelante: La máxima realización de la existencia cristiana como un vivir trinitario de “hijos en el Hijo” nos es dada en la Virgen María quien, por su fe (cf. Lc 1, 45) y obediencia a la voluntad de Dios (cf. Lc 1, 38), así como por su constante meditación de la Palabra y de las acciones de Jesús (cf. Lc 2, 19.51), es la discípula más perfecta del Señor157. Interlocutora del Padre en su proyecto de enviar su Verbo al mundo para la salvación humana, María, con su fe, llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo, y también se hace colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos. (DA, 266).
En conclusión podemos decir que la Virgen María ha estado presente en todos los documentos conclusivos de las reuniones del CELAM, lo cual significa su presencia en nuestras iglesias regionales como madre y hermana en el caminar de la fe. 

En los documentos regionales de los otros continentes también encontramos la presencia constante de María, tal y como lo muestran los últimos sínodos, la Iglesia en América, la Iglesia en África, la Iglesia en Asia, la Iglesia en Oceanía, la Iglesia en Europa.